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YURI’S EL AUTÉNTICO SABOR OAXAQUEÑO EN LOS BERKSHIRES O EL SABOR DE VOLVER A CASA

  • hace 15 horas
  • 7 min de lectura


Gustavo  y Yuridiana en Yuri's
Gustavo y Yuridiana en Yuri's

Antes de que Yuri’s abra sus puertas, el aroma comienza a contar su historia. Desde el horno llega el olor dulce de las conchas recién horneadas. Cerca de ahí, una olla de birria hierve lentamente y las tortillas se inflan sobre el comal. El vapor levanta el perfume del chile, las especias que Yuridiana eligió y la carne que Gustavo cortó con sus propias manos.


“Mi abuelo me acostumbró a que en esta vida no tienes que hacer una sola cosa. Saber hacer muchas cosas es mucho mejor”, dice Gustavo.


Los aromas se encuentran en una cocina de Pittsfield, ubicada en el 496 de Tyler St., pero sin problema podrían encontrarse también en Oaxaca: el de la panadería El tío chinto donde Gustavo trabajó de niño con su tío Jacinto Cruz y el de los guisos que Yuri aprendió a preparar en su casa con las mujeres de su familia. Nada llega completamente hecho a esa cocina de Pittsfield. Gustavo compra piezas enteras de carne y reconoce qué corte dará más sabor.


Yo soy carnicero y compro toda la pieza: el lomo, la pierna entera, y yo corto la carne. Sé qué parte es mejor para hacer enchilada, el chorizo y qué parte tiene mejor sabor. Por eso nuestros platillos son diferentes a los de otro restaurante”.


Yuri sazona con sus recuerdos de la infancia, cuando aprendió que un mole no comienza al abrir un frasco, sino al preparar desde cero la pepita, el chile y el chocolate.


Yo sé cocinar; mi madre Juana Aguntin y mi abuela Rosa Matías se dedicaban a la cocina”, explica Yuri. “Cuando alguien nos dice: ‘Quiero probar algo diferente, algo que no tengan en otro restaurante mexicano’, entonces les mencionamos las tlayudas, los huaraches…”.


La boda civil
La boda civil

La birria continúa hirviendo mientras la concha termina de dorarse. Parece la rutina de cualquier restaurante antes de abrir sus puertas. Pero en esas dos preparaciones está contenido un camino que comenzó mucho antes de que Gustavo y Yuri imaginaran que algún día tendrían un negocio en los Berkshires.


Ambos son originarios de San Agustín Yatareni, una comunidad de los Valles Centrales ubicada a pocos minutos de la ciudad de Oaxaca. Allí, la vida mantiene una relación profunda con el maíz. Yatareni significa “tortilla de sangre”. Muchas familias participan en la elaboración de tlayudas y conservan conocimientos que abarcan desde sembrar y cosechar hasta transformar el grano de maíz en masa, tortillas y tamales.


Hablar de la familia de Gustavo es recordar a su abuelo Donato Cruz sacrificando reses, puercos y pollos, sembrando maíz y cultivando cempasúchil para el Día de Muertos.


Este dúo imbatible detrás de las parrillas y el horno se conoció hace alrededor de 15 años en una fiesta de su pueblo. Él la invitó a bailar; ella aceptó entre la timidez y la atracción.



Mientras daban vueltas sobre la pista, Yuri no sabía que aquella persona se convertiría en su compañero de vida.


Pero pronto tuvieron que enfrentarse a la distancia y a la realidad de San Agustín Yatareni.


En San Agustín, cuatro de cada cinco hijos se van a Estados Unidos a trabajar. El pueblo sobrevive de las remesas”, explica Gustavo.


Gustavo estudiaba y soñaba con convertirse en médico cuando apareció una convocatoria para obtener una visa de trabajo temporal en Estados Unidos. Decidió aceptar, pero pronto se arrepintió. Viajó a Mississippi para trabajar en un proyecto de reforestación. Antes de salir de Oaxaca le aseguraron que recibiría 13 dólares por hora. Al llegar, encontró condiciones completamente diferentes: todo había sido un engaño.


Me dijeron que me pagarían 20 dólares por sembrar una caja de entre 1,000 y 2,000 plantas. Estuve trabajando dos semanas y no me pagaron, supuestamente porque no teníamos el Social Security y nos iban a llevar a sacarlo, pero nunca nos llevaron”.


Tras ese mal paso, llegó con su padre a Great Barrington, donde consiguió trabajo en una panadería. Allí observaba a jóvenes que estudiaban para hacer lo que él ya sabía: querían ser chefs y aprender a preparar pan.


Gustavo en uno de sus trabajos anteriores de abrir el emblemático Yuri's en Tyler St.
Gustavo en uno de sus trabajos anteriores de abrir el emblemático Yuri's en Tyler St.

El que nace para maíz, del cielo le caen las hojas, dice un proverbio mexicano. Y así, un día, la oportunidad apareció. Varios empleados no llegaron y la chef quedó sola frente a una producción urgente. Entre palabras en español y en inglés, Gustavo consiguió explicarle que podía ayudarla. Para sorpresa de la chef, preparó las baguettes que necesitaban con urgencia para un hotel.


“Para mí era fácil porque era como hacer bolillo que hacía desde niño”, cuenta al recordar lo instintivo de la labor.


La chef quedó tan impresionada con la habilidad de Gustavo que incluso le permitió utilizar el horno para cocinar su propio pan. Ese fue el punto de inflexión: Gustavo comenzó a vender cuernitos y panes entre personas de la comunidad hispana. Durante una temporada de Día de Muertos, la demanda creció tanto que vendió toda la producción.


“Salieron alrededor de 11 mil dólares en puro pan”, recuerda satisfecho.



Pero mientras él comenzaba a abrirse camino en Estados Unidos, Yuri permanecía en Oaxaca. Allí intentaba continuar sus estudios y su vida cotidiana mientras esperaba las llamadas de su esposo. Para Gustavo, emigrar significaba trabajar y buscar oportunidades; para Yuri, significaba aprender a convivir con una ausencia que comenzó a afectar todo lo demás.


“Yo estaba en la escuela cuando él se vino”, recuerda. “Sí sentía mucho por él. Ya no estaba bien en mis clases porque lo extrañaba. No es lo mismo estar juntos que estar separados”.

Gustavo tuvo que elegir entre el dinero y el amor. Eligió volver a Oaxaca y, con el dinero que había ganado, iniciaron su vida de casados. Celebraron la boda, compraron un mototaxi y comenzaron a vender carnes asadas durante los fines de semana.


Los ingresos no siempre eran suficientes, pero esa experiencia les permitió descubrir algo: cuando combinaban sus conocimientos, podían crear una fuente de trabajo. Aun así, no fue suficiente.


Al igual que en el pasado Gustavo tomó la dificil decisión nuevamente de dejar su hogar en Oaxaca atrás, aunque esta vez Yuridiana pudo acompañarlo en el viaje hacia Estados Unidos de manera intermitente en el viaje con una visa durante 3 años, en busca de mejores oportunidades.


Allí, en la casa de los padres de Gustavo, comenzaron de nuevo “sin nada, nada, nada”, como él recuerda.


“Voy a hacer tamales para que vendamos donde yo trabajo”, le dijo Yuri a Gustavo.


Aquellos 45 tamales de tomatillo y mole fueron el verdadero comienzo de Yuri’s. Para prepararlos, tuvieron que conseguir las hojas de tamal en Poughkeepsie. Ella cocinaba y organizaba los pedidos; Gustavo los repartía.


Yuridiana haciendo tamales en su casa
Yuridiana haciendo tamales en su casa

“Preguntaba por Pedro o Juan en los restaurantes. Salían los hispanos confundidos porque yo no los conocía y entonces les ofrecía los tamales”.


A veces se internaban, con el automóvil lleno de comida, entre las vacas y el lodo para llevar sus productos hasta los trabajadores de las granjas.


“Yo no conocía a nadie”, recuerda Yuri. “Fue bien difícil los primeros dos años. Andábamos de aquí para allá buscando. Había veces que la gente no quería saber nada de nosotros”.


Pero el sazón de Yuri’s comenzó a correr como un incendio de sabor entre los paladares locales y las llamadas comenzaron a llegar. Los clientes empezaron a presentarse en su casa de Great Barrington. La demanda creció hasta obligarlos a tomar una decisión: mantener el proyecto dentro de los límites conocidos o arriesgarse a convertirlo en un restaurante.


Gustavo seguía trabajando en otro establecimiento y ese paso significaba enfrentarse a permisos, inspecciones, certificaciones e impuestos. Sin embargo, el temor resultó mayor que la realidad. Recibieron orientación del Departamento de Salud, participaron en programas de formación empresarial y encontraron personas que les enseñaron a organizar sus finanzas y utilizar el crédito.


“Yo pienso que en la vida siempre hay personas destinadas a ayudar”, dice Gustavo. “Hubo muchas personas que nos fueron guiando en el camino, como Andy Cambi, director de Salud Pública de Pittsfield. Nos explicó todo en español”.


Gustavo posa con la máquina que los ayuda a hacer pan desde cero.
Gustavo posa con la máquina que los ayuda a hacer pan desde cero.

En diciembre de 2024, Gustavo y Yuri finalmente abrieron Yuri’s en Pittsfield. Desde entonces, aprovechan cada oportunidad para llevar el sazón oaxaqueño a la mesa con tlayudas, huaraches, molcajetes, tamales, panes tradicionales como la concha y el pan de muerto, y la birria, el orgullo de Yuri’s.


La experiencia que mejor revela el significado de Yuri’s ocurrió justamente con una concha. Una mujer estadounidense regresó al restaurante para agradecerles por el pan. Su padre había vivido muchos años en California y recordaba con cariño las conchas acompañadas de chocolate. Ya mayor y necesitado de cuidados, se había mudado al condado de Berkshire para vivir cerca de su hija. Ella temía que pasara sus últimos días sin volver a probarlas.


“Cuando vi tu publicación en Facebook y vi que había conchas aquí, no lo podía creer”, les dijo. “Esta conchita es lo que él siempre hubiera querido probar en sus últimos días”.


La historia les puso la piel chinita. En ese momento comprendieron que un alimento puede devolverle a alguien un lugar, una época y una parte de sí mismo que creía perdida.


Con el consul de México Carlos Iriarte en su visita a Yuri's
Con el consul de México Carlos Iriarte en su visita a Yuri's

“No es solamente la comida, también es lo cultural”, explica Yuri. “Hay muchos platillos mexicanos que todavía no se conocen y poco a poco los estamos incluyendo”.


Además de preparar un nuevo menú, Yuri’s amplió sus servicios para ofrecer envíos de dinero a más de 95 países mediante ViaAmericas, otra forma de ayudar a sus clientes a mantenerse conectados con sus seres queridos.


Yuri’s comenzó con dos jóvenes y una canción en San Agustín Yatareni. En esa historia de amor también está contenido el amor por la gastronomía oaxaqueña. Hoy, cuando la birria hierve y el aroma de las conchas llena el restaurante, Yuri no solamente recupera los sabores con los que creció. Junto a Gustavo, los transforma en una manera de volver a casa y compartir ese lugar con la gente de los Berkshires.

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