Verano: cuando los niños descansan… pero los padres empiezan otro trabajo
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Por: Stephanie Hernandez. Piscóloga por la Univer
Hace unos días escuché a una mamá decir algo que probablemente muchos hemos pensado alguna vez:
"No quiero que llegue el verano... no sé cómo voy a hacer para trabajar y cuidar a los niños al mismo tiempo". Y, del mismo modo, vi a varios niños contar los días que faltaban para terminar la escuela con una emoción enorme.

Las vacaciones representan libertad, descanso y tiempo para jugar. Pero para muchos padres, especialmente aquellos que trabajamos tiempo completo también representan un reto importante: reorganizar horarios, buscar quién cuide a los hijos, ajustar el presupuesto y, en muchos casos, sentir la presión de que los niños "aprovechen el verano".
Como psicóloga, me es frecuente escuchar esta preocupación con más frecuencia. Y la realidad es que no estamos hablando únicamente de logística; también estamos hablando de salud mental.
Cuando desaparece la rutina
Durante el ciclo escolar, la vida de los niños tiene una estructura bastante predecible. Se despiertan a una hora, desayunan, conviven con otros niños, aprenden, juegan, comen, regresan a casa y descansan.
No es una rutina perfecta, pero sí una rutina. En verano esa estructura cambia de un día para otro.

Dormir más tarde, pasar más horas en casa, comer a diferentes horarios y tener menos oportunidades de convivencia son cambios normales. El problema aparece cuando esa falta de estructura se convierte en semanas enteras de sedentarismo, aislamiento o un uso excesivo de pantallas.
Una publicación reciente de este año de Health effects of children's summer holiday programs encontró que los programas estructurados de verano tienden a favorecer el bienestar emocional, las habilidades sociales y algunos aspectos del funcionamiento cognitivo de los niños. Los investigadores explican que la escuela ofrece apoyos que muchas veces dejamos de notar hasta que desaparecen: horarios, interacción social, movimiento físico y actividades con propósito.
Eso no significa que todos los niños necesiten asistir a un campamento de verano. Lo que realmente necesitan es conservar cierta estructura.
Cada verano aparece el mismo sentimiento de culpa.
"Mis hijos pasan demasiado tiempo frente al iPad”. Pero pocas veces nos detenemos a preguntarnos por qué.
Las pantallas, muchas veces, no son una decisión de crianza. Son una estrategia de supervivencia para los padres.

Muchas familias no tienen cerca a los abuelos. Otras no cuentan con una red de apoyo. Algunas trabajan desde casa mientras intentan contestar correos electrónicos con un niño pidiendo ayuda para preparar un sándwich y otro preguntando cada cinco minutos: "¿Ya puedo jugar videojuegos?"
Eso no significa que debamos resignarnos a que se ocupen todo el día, sino dejar de juzgarnos por necesitarlas ocasionalmente. Lo importante es procurar que no se conviertan en la actividad principal del verano.
No hace falta llenar cada minuto con actividades costosas. Los niños necesitan moverse, aburrirse un poco, crear, imaginar y estar al aire libre; mucho más de lo que necesitan un calendario lleno.
Si este año el presupuesto es limitado, intenta pensar menos en entretenimiento y más en conexión. Los niños no recordarán cuánto dinero costó el verano. Recordarán cómo se sintieron
Algunas ideas sencillas pueden hacer una gran diferencia:
Mantener una hora relativamente constante para despertar.
Reservar al menos una hora diaria sin pantallas.
Salir a caminar después de cenar.
Hacer un picnic en un parque o en el jardín.
Visitar la biblioteca una vez por semana y dejar que cada niño elija un libro.
Organizar intercambios de juego con otras familias para que los adultos puedan apoyarse mutuamente.
Involucrar a los niños en cocinar, regar plantas o preparar una lista para el supermercado. También están aprendiendo cuando participan en la vida cotidiana.
Los niños necesitan padres presentes, no padres perfectos.
Como padres solemos preocuparnos por que nuestros hijos tengan "el mejor verano".
Más bien, preguntémonos ¿Cómo queremos que recuerden este verano? No será por el campamento más caro ni por el viaje más largo. Será porque alguien estuvo dispuesto a escuchar una historia, jugar un rato, salir a caminar bajo el sol o simplemente compartir un helado al final del día.
La infancia no necesita veranos perfectos. Necesita adultos suficientemente disponibles para acompañarla.
Y eso, aunque a veces se nos olvide, también incluye cuidar nuestra propia salud mental.



