Una cara latina para la intervención de Estados Unidoso
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Por:Joseph Ramírez es un periodista y bloguero de Torrance, California. Nacido de un padre guatemalteco que huyó de la guerra civil de Guatemala, desarrolló un profundo interés por América Latina.
Marco Rubio es el primer hispano en convertirse en Secretario de Estado de los Estados Unidos. Es hijo de inmigrantes cubanos y habla español con fluidez, cualidades que, en teoría, podrían contribuir a mejorar las relaciones entre Estados Unidos y los países de América Latina. Sin embargo, las prioridades de Rubio no parecen ser diplomáticas. Como figura central dentro del equipo de la administración Trump y con aspiraciones presidenciales para 2028, Rubio se ha enfocado en debilitar gobiernos con los que discrepa ideológicamente.

Un Secretario de Estado eficaz debe mantener relaciones exteriores, mejorar la comunicación entre Estados Unidos y el resto del mundo, y negociar en nombre del presidente. No se trata de adoptar posturas ideológicas inflexibles. Sin embargo, eso es precisamente lo que, según sus críticos, representa Rubio, quien tiene un largo historial como neoconservador intervencionista y quien en 2016 calificó a Donald Trump como “una seria amenaza para el futuro de nuestro partido y de nuestro país”. Hoy, no obstante, se ha alineado completamente con él.
Como senador, Rubio respaldó múltiples intervenciones militares estadounidenses, incluyendo los bombardeos en Libia en 2011 para contribuir a la caída de Muamar Gadafi, así como ataques en países como Siria. También promovió el uso de drones en operaciones militares. Ya como Secretario de Estado, en el contexto de la actual guerra con Irán, ha planteado revisar la relación del país con la OTAN, lo que algunos consideran alejado de una estrategia diplomática tradicional.
Al formar parte de la comunidad cubanoamericana en Florida, Rubio representa a un sector del exilio marcado por el objetivo de derrocar al gobierno comunista de Cuba. Sus padres emigraron en la década de 1950 y posteriormente presenciaron el giro comunista de la isla bajo Fidel Castro, una experiencia que ha influido en su identidad política. En este contexto, gobiernos de izquierda cercanos a Cuba, como los de Venezuela y Nicaragua, son vistos como adversarios.
Rubio ha sido durante años un crítico del gobierno venezolano y ha buscado apoyo entre la comunidad venezolana en el exilio en Florida. Desde 2019, ha promovido abiertamente un cambio de régimen, incluso utilizando comparaciones controvertidas en redes sociales. Estas posturas se han traducido en acciones concretas por parte del gobierno estadounidense, incluyendo sanciones, operaciones militares y medidas destinadas a presionar al liderazgo venezolano.
Tras el aumento de la presión sobre Venezuela, Cuba ha pasado a ser el siguiente foco de atención. La isla enfrenta dificultades económicas y energéticas, y las políticas impulsadas por Washington, como restricciones al suministro de combustible, buscan acelerar cambios en su sistema político, aunque esto también puede tener consecuencias directas sobre la población.
Para Rubio y sectores afines, la estrategia hacia Cuba se centra en provocar un cambio de gobierno, aun cuando ello implique costos sociales significativos. Esta postura podría incentivar una mayor migración hacia Estados Unidos, un efecto colateral que genera debate sobre sus implicaciones humanitarias y políticas.
La confrontación no se limita a Cuba y Venezuela. Nicaragua también ha sido objeto de tensiones, especialmente bajo el liderazgo de Daniel Ortega. Desde la década de 1980, las relaciones han estado marcadas por conflictos, incluyendo el apoyo estadounidense a la Contra. En años recientes, Rubio ha criticado duramente al gobierno nicaragüense por su historial en derechos humanos.
Asimismo, ha cuestionado a otros líderes de izquierda en la región, como Gustavo Petro en Colombia y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, incluso cuando sus gobiernos no presentan las mismas características que los de Venezuela o Nicaragua. En estos casos, las diferencias parecen responder más a posturas ideológicas que a temas estrictamente democráticos o de derechos humanos.
Hoy, Estados Unidos cuenta con un Secretario de Estado hispano y hispanohablante. Sin embargo, para algunos analistas, esto no representa un cambio significativo si las políticas hacia América Latina continúan guiadas principalmente por consideraciones ideológicas. La oportunidad de abrir una nueva etapa en las relaciones entre Estados Unidos y la región sigue siendo motivo de debate.
Artículo orignal The Latino Newsletter reproducido con su autorización.



