La voz de la pertenencia
- 15 mar
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 18 mar
Bullying, racismo y la pregunta que sigue definiendo quién pertenece
Por Tamara Richter, Ph.D., es licenciada en Ciencias Educativas, Maestría en Aprendizaje a lo Largo de la Vida: Política y Gestión, y un Doctorado en Educación.
Nací en Massachusetts, pero me fui a México cuando tenía apenas tres meses. Mis papás, siendo mexicanos, decidieron criar a sus hijos en la Ciudad de México, rodeados de abuelos y primos. Regresé a Estados Unidos a los 19 años para estudiar educación en Endicott College.
Mi vínculo con este lugar siempre ha sido peculiar: pertenezco por nacimiento, pero no por memoria. Tal vez por eso la idea de pertenencia ha sido una pregunta constante en mi vida.

En este artículo quiero hablar precisamente de eso: de la pertenencia. Porque la pertenencia, o la amenaza de perderla, está en la base tanto del bullying como del racismo.
Cuando estudiaba en Endicott, alrededor de 2010, analizábamos en clase el paso histórico del crisol de culturas o melting pot al multiculturalismo. El “crisol de culturas” proponía que todos debían fundirse en una identidad común, adaptarse al ideal del “americano promedio”. La diversidad existía, pero debía diluirse.
El multiculturalismo, en cambio, prometía algo distinto: no borrar las diferencias, sino reconocerlas y celebrarlas.
En el discurso académico, ese cambio parecía ya consolidado. Se hablaba de inclusión, de diversidad, de identidad cultural. Pero en las aulas y en las experiencias cotidianas, las tensiones seguían ahí.
Recuerdo a una compañera cuyos padres eran mexicanos y que no hablaba español porque su familia temía que un acento la hiciera vulnerable a la discriminación. Recuerdo también a una amiga que había vivido casi toda su vida en Estados Unidos y que, sin embargo, debía luchar por obtener la ciudadanía que yo tenía automáticamente por haber nacido en el país.
En ese momento no comprendí del todo la profundidad de lo que estaba presenciando. Con el tiempo entendí que aquellas historias no eran casos aislados, sino expresiones distintas de una misma pregunta: ¿quién pertenece y bajo qué condiciones?
Hoy me pregunto en qué punto estamos. ¿Realmente dejamos atrás el “crisol de culturas”? ¿O simplemente aprendimos a hablar el lenguaje del multiculturalismo mientras las jerarquías de pertenencia siguen operando, a veces de forma más sutil?
Porque la pertenencia nunca es un concepto abstracto. Se manifiesta en gestos cotidianos: en quién se siente seguro hablando su idioma en público, en quién teme que su acento lo delate, en quién debe demostrar una y otra vez que merece estar aquí.
Tal vez el verdadero desafío no sea simplemente celebrar la diversidad, sino preguntarnos qué estructuras siguen determinando quién pertenece plenamente y quién permanece en los márgenes. Mientras esa pregunta siga abierta, el racismo y el bullying no serán fenómenos separados, sino distintas expresiones de una misma disputa: la disputa por la pertenencia.
Lee el artículo de Tamara Richter: Bullying y racismo: ¿Quién pertenece y en qué condiciones?



