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Pittsfield busca otro camino: comunidad debate respuestas sin policía para crisis de salud mental

  • 14 may
  • 4 min de lectura

La sala permaneció en silencio mientras Michael Hitchcock tomaba el micrófono, no comenzó hablando de presupuestos ni políticas públicas, comenzó hablando de dolor.


“Estamos aquí para escucharnos”, dijo frente a decenas de personas de la comunidad reunidas en la Berkshire Athenaeum en Pittfield para discutir alternativas a las recientes respuestas policiales del condado en crisis de salud mental. “Solo escuchando las historias de los demás podemos construir la confianza necesaria para enfrentar un problema tan complicado”.


Para Hitchcock, el origen de este movimiento tiene nombres concretos: recordó que en 2017 la policía mató a Daniel Gillis frente a su novia mientras vecinos grababan y gritaban “por favor no disparen”. Cuatro años después, mencionó la muerte de Miguel Estrella durante otro episodio de salud mental frente a familiares y amigos. Más recientemente habló de Biagio Kauvil, quien según relataron las autoridades estaba detrás de una puerta cerrada cuando oficiales irrumpieron y le dispararon apenas segundos después de entrar.


Es un patrón”, afirmó.


Michael Hitchcock al inicio del evento
Michael Hitchcock al inicio del evento

Desde el inicio dejó claro que la conversación para solucionar el problema no sería sencilla. Según explicó, incluso autoridades locales ya se habían mostrado en contra de la propuesta de crear respuestas comunitarias alternativas a la policía para responder a emergencias de salud mental.


“No va a resolverse en una o dos noches”, advirtió. “Probablemente tomará meses de terco esfuerzo”.


La reunión no fue planteada como un foro tradicional ni una sesión abierta de quejas.
La reunión no fue planteada como un foro tradicional ni una sesión abierta de quejas.

Los organizadores estructuraron la conversación alrededor de una pregunta central: ¿Cómo puede el condado construir una respuesta más segura a las crisis de salud mental que no dependa de la policía y que proteja la vida, la dignidad, la confianza y el cuidado?



Hitchcock criticó que en los distintos casos las investigaciones oficiales únicamente concluyeran que las acciones policiales fueron “lamentables, pero justificadas”, es decir sin cambios sustanciales en la estructura de la prevención.


Para muchos de los asistentes, explicó, eso ya no es suficiente. “Creo que la mayoría estamos aquí porque sentimos que esto es más que simplemente lamentable”, dijo. “Tal vez podemos hacer algo diferente”.


La conversación rápidamente se expandió más allá de los enfrentamientos policiales. Los asistentes que incluyo entre sus filas a la representante del distrito 2 Tricia Farley-Bouvier, dueños de negocios, familiares de personas con problemas mentales, trabajadores de distintas organizaciones al servicio de la comunidad, residentes privados, comenzaron a hablar sobre adicciones, falta de vivienda, barreras del idioma y los vacíos que muchas personas enfrentan cuando buscan ayuda en el condado Berkshire.



Pero una parte importante de la noche no estuvo dedicada solamente a identificar problemas; también se pidió a los asistentes imaginar cómo sería un modelo distinto y qué principios debería tomar en cuenta una respuesta alternativa.


En varias cartulinas colocadas alrededor del salón comenzaron a aparecer ideas, preguntas y propuestas escritas a mano.
En varias cartulinas colocadas alrededor del salón comenzaron a aparecer ideas, preguntas y propuestas escritas a mano.

Algunas apuntaban a los tipos de situaciones de crisis mental que podrían responderse sin presencia policial: episodios de psicosis, personas con pensamientos suicidas o personas atravesando una crisis emocional que no representan una amenaza inmediata para otros. Al mismo tiempo surgieron dudas sobre los límites del modelo. Algunos participantes se preguntaron si ciertas llamadas, como posibles casos de violencia doméstica, deberían permanecer fuera de este tipo de respuestas.



Más allá de los tipos de llamadas, había dos palabras que comenzaron a repetirse entre los asistentes una y otra vez durante la conversación: confianza y responsabilidad


Para muchos de los asistentes, el éxito de cualquier modelo dependería menos de vehículos o estructuras institucionales y más de quiénes respondieran. Varias personas señalaron que los equipos necesitarían capacidades y entrenamiento de intervención en crisis, habilidades para desescalar situaciones y posiblemente perfiles diversos que incluyeran enfermeras, EMT o personas neutrales reconocidas dentro de la comunidad. Pero otros insistieron en algo más difícil de definir: que quienes respondan sepan escuchar, mantengan la calma y puedan generar una sensación genuina de seguridad.


Algunas notas escritas en las cartulinas iban aún más lejos. Se habló de personas “centradas en el corazón”, de construir relaciones comunitarias y de equipos formados por personas que realmente conocen a quienes viven en la ciudad. También se mencionó y reconocio los retos económicos que implica la implementación de estos programas.



Incluso surgió una preocupación que muchas veces queda fuera de este tipo de discusiones: el bienestar de quienes responderían a las crisis. Algunos asistentes mencionaron la importancia de sesiones posteriores de evaluación, apoyo emocional y acompañamiento continuo para los propios equipos.


Una respuesta alternativa a la policía no podía convertirse simplemente en una nueva fuerza reactiva; debía construirse desde relaciones humanas, entrenamiento sólido y confianza con personas que han vivido estas experiencias en carne propia.


La conversación también abordó cómo personas sin hogar en el condado Berkshire que quedan atrapadas entre servicios insuficientes, lo que inevitablemente los orilla a crisis mentales. Uno de los asistentes recordó el cierre abrupto de un espacio donde decenas de personas dormían.


“El 16 de abril todo estaba bien. El 17 de abril les dijeron a todos que tenían que irse”, relató.


“Si alguien está en una crisis, solo, con frío y sin un lugar donde ir, ese tiempo se vuelve peligroso”, comentó una persona. Otro participante fue más directo al cuestionar si algunos sistemas de apoyo de la la ciudad de Pittsfield realmente ayudan o terminan empeorando las cosas. “¿Estamos ayudando o estamos lastimando?”, preguntó.




En Pittsfield se mencionó un programa en el Crane Center sobre Linden Street y otro en North Adams en el Brien Center, enfocados en crear espacios de escucha y apoyo humano.



Hitchcock insistió en que iniciativas como cámaras corporales, entrenamientos adicionales o programas de co-respuesta policial no han evitado tragedias anteriores.


Las cámaras no salvaron a Biagio. Los co-respondedores tampoco salvaron a Miguel”, afirmó.


“Cada vez que damos más dinero y más equipo a la policía, seguimos fortaleciendo una cultura distinta a la que muchos queremos construir”.


Y justo eso fue lo que se trató de hacer ayer, una de las conclusiones más simples, y más poderosas de la noche en la mayoría de las mesas: antes de diseñar equipos, protocolos o modelos, hay algo que muchos sienten que hace falta recuperar. Escuchar.


Porque escuchar también puede ser una forma de cuidado. Y, para quienes estuvieron en esa sala ayer en el Berkshire Athenaeum , escuchar es el primer paso para salvar vidas.


Ayer, justamente, eso fue lo que ocurrió: la comunidad se sentó a escucharse.

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