La comunidad alza la voz por Morningside: familias y vecinos advierten sobre el costo humano de cerrar la escuela
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PITTSFIELD, Mass. — Lo que ocurrió durante la audiencia pública sobre el futuro de Morningside Community School fue mucho más que una discusión administrativa sobre edificios, presupuesto o matrícula. Fue una expresión abierta de dolor, preocupación y resistencia comunitaria frente a una posible decisión que, para decenas de familias, docentes, exalumnos y vecinos, tendría consecuencias profundas en la vida cotidiana de una de las comunidades con mayores necesidades de la ciudad.

A lo largo de la noche, los testimonios coincidieron en una idea central: Morningside no es solo una escuela, sino una red de apoyo, pertenencia y estabilidad para niños que ya cargan con suficientes desafíos fuera del aula.
El potencial plan del Comité Escolar del Distrito de Pittsfield contempla redistribuir a unos 300 estudiantes, en cuatro escuelas distintas del distrito, ante el posible cierre de la escuela Morningside debido a su dificit presupuestario de más de 4 millones de dolares.

Una de las intervenciones más contundentes fue la de Ayishetu Braimah, quien se manifestó abiertamente contra la moción y advirtió que el cierre tendría un “profundo efecto negativo” en estudiantes, familias y comunidad. En su mensaje subrayó que Morningside ofrece “un ambiente sostenible y de apoyo” para muchos alumnos con altas necesidades, y sostuvo que quitarles esa estabilidad podría traducirse en estrés, problemas de conducta y retrocesos en el aprendizaje.

Entre los muchos puntos en común se señaló que el cierre de Morningside no resolvería los problemas de fondo, sino que los trasladaría, al tiempo que expondría a los estudiantes a angustia emocional, riesgos para la salud mental y nuevas desigualdades.

La defensa más emotiva vino también desde la experiencia directa de quienes han vivido alrededor del plantel. Lucas Helverson, graduado el año pasado, subió al podio con un mensaje breve pero revelador: “Morningside es realmente chévere. Siento que necesitan mantenerla”.
Después habló su madre, Colleen Nixon, quien explicó que no pensaba intervenir, pero decidió hacerlo al sentir que estaba en juego el alma misma del vecindario. Contó que vive a unas cuadras del edificio porque quiso formar parte de esa comunidad y señalo que "Cuando le quitas a una comunidad su educación, especialmente una como la de Morningside, les estás quitando su vida”, advirtió.
También expresó temor por el futuro del edificio si la escuela cierra: "que quede vacío, se deteriore y termine convirtiéndose en otro espacio abandonado más dentro de la ciudad". Para ella, el costo de esa decisión no puede medirse solo en dólares: “Los costos para la comunidad son exponenciales”.

Otra de las intervenciones más sólidas fue la de Fernardo León, quien reconoció la complejidad del momento: presiones presupuestarias, problemas de infraestructura y cambios demográficos pero insistió en que precisamente por eso hacía falta más conversación comunitaria, no menos. En su mensaje sostuvo que "el distrito tiene la obligación de demostrar, y no solo afirmar, que el cierre mejorará los resultados y protegerá a los estudiantes más vulnerables. Advirtió además que los niños no son receptores pasivos de estas decisiones, sino quienes cargan el impacto en forma de amistades rotas, rutinas alteradas, estrés y pérdida de vínculos esenciales con adultos de confianza".
Antes de concluir su intervención León, preguntó públicamente "¿cuál sería el plan real de transición para estudiantes con altas necesidades, qué continuidad tendrían los servicios bilingües y qué garantías existirían en torno al transporte, el cuidado después de clases y el apoyo académico". Su advertencia fue clara: no hay que romantizar un edificio pero si esas condiciones no están garantizadas, el cierre corre el riesgo de convertirse en desplazamiento.

Desde el profesorado, Olivia Oberle, maestra en su sexto año de enseñanza en la zona, cuestionó directamente la narrativa oficial sobre los cambios demográficos en la ciudad. Recordó que cuando comenzó a trabajar con estudiantes aprendices del inglés, en 2021, atendía a 40 alumnos junto con otra colega; hoy, con dos puestos y medio, atienden a 97 estudiantes de inglés. Para ella, eso demuestra que la realidad de Morningside no se comporta igual que la de otros sectores de Pittsfield.
También reconoció problemas concretos del edificio, incluida la distribución abierta del espacio, pero sostuvo que aun así el aprendizaje ocurre todos los días. “Es posible, pasa cada día en Morningside”, afirmó. Según Oberle, lo que hace falta no es cerrar, sino invertir en recursos, clases más pequeñas, apoyo conductual y mejoras básicas que incluso hoy no existen, como acceso real a libros. En una frase que condensó parte del abandono que denunció, recordó que Morningside ni siquiera tiene biblioteca.

La preocupación por una eventual transición también apareció en voces que, aunque no pertenecen directamente a la escuela, advirtieron sobre los riesgos de una integración mal diseñada. Rebecca Thompson señaló que el aspecto más difícil en caso de cerrar el edifició no será organizar rutas de autobús o horarios, sino integrar a los niños en nuevas escuelas sin que el proceso se convierta en asimilación forzada. Para ella, la llegada de estudiantes de Morningside a otros planteles debe ser una construcción compartida y no una simple adaptación unilateral.
También pidió que, si el cierre ocurre, cada escuela receptora reciba a varios miembros del personal de Morningside para garantizar rostros familiares y continuidad emocional. Además, defendió la permanencia del programa Kids 4 Harmony y lanzó una advertencia que resumió buena parte del sentir colectivo: el edificio de Morningside no puede morir ni quedar vacío.

En ese mismo registro comunitario, Anna Monsalve, de 24 años, aportó una de las intervenciones más personales de la noche. Contó que cada mañana, "camino al trabajo, veo a los niños caminar hacia la escuela", una escena cotidiana que para ella resume el valor concreto de Morningside la vida del barrio. Como hija de dos inmigrantes, recordó su propia experiencia al tener que aprender inglés nuevamente hace 14 años, y habló de la paciencia, el tiempo y la consideración que necesitó por parte de maestros y compañeros para salir adelante.
Desde esa vivencia, advirtió que para muchos estudiantes, en especial para los niños latinos y de otras minorías el costo de un cambio brusco puede ser enorme. “Es fundamental y crucial que estos niños sean vistos por sus maestros, que tengan una cara familiar; eso hace una gran diferencia”, expresó. Monsalve también puso el foco en una preocupación más amplia: qué ocurrirá con Morningside como vecindario si la escuela desaparece. Dijo sentir que la ciudad “se está desgarrando lentamente” cada vez que pierde uno de sus grandes espacios comunitarios, y lamentó que con ello también se vaya perdiendo el sentido de pertenencia.
Señaló como otras voces que la audiencia debió haberse realizado en Morningside, no en Reid, porque muchos padres y maestros de la comunidad no pudieron estar presentes. Su cierre fue una defensa sencilla pero poderosa: “Los pequeños merecen meren una oportunidad”.

Cam Cunningham representante del distrito 2, pidió que no se permita que el inmueble quede vacío ni caiga en abandono, y reclamó un compromiso claro del gobierno local para que siga cumpliendo una función social. En su visión, si la escuela deja de operar, la ciudad tiene la responsabilidad de garantizar que el espacio continúe sirviendo a la comunidad y no se convierta en otro símbolo de deterioro urbano.
Aunque durante la audiencia también hubo voces que apoyaron el cambio o pidieron pensar en una transición por fases, el tono dominante de la noche fue inequívoco: la comunidad no quiere que Morningside desaparezca sin un plan sólido, transparente y humano. Más allá de la decisión que tome el comité escolar, lo que quedó claro es que para muchas familias el debate no gira únicamente en torno a una estructura física, sino a la defensa de un espacio que ha servido como refugio, punto de encuentro y ancla emocional para generaciones enteras.
El 9 de septiembre el Comité escolar del distrito de Pittsfield decidirá el futuro no sólo del edificio, sino de toda la comunidad de Morningside.



