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Bernardo Martínez Cano de Totontepec a los Berkshires: una vida guiada por el saxofón

  • hace 20 horas
  • 7 min de lectura

Bernardo Martínez Cano ajusta la boquilla del saxofón y espera la señal para comenzar. En algún lugar de los Berkshires, las conversaciones se apagan poco a poco mientras las primeras notas llenan el espacio. Algunos asistentes sonríen, se relajan en el asiento y otros comienzan a mover los pies al ritmo de la música. Pero para Bernardo, cada melodía significa algo más. Cada cumbia, cada chilena y cada canción tradicional es una forma de regresar a Totontepec Villa de Morelos, el pequeño pueblo mixe entre las montañas de Oaxaca donde aprendió a hablar, a trabajar y a entender el mundo.



La primera vez que Bernardo tocó el saxofón frente a un público tenía apenas 13 años. Era el año 2000 y formaba parte de una banda infantil en Totontepec. En aquel momento no podía imaginar que ese instrumento, que ni siquiera había sido su primera elección, terminaría llevándolo a recorrer Estados Unidos con un circo, a sobrevivir la soledad de la migración y a reconstruir una parte de sí mismo en los Berkshires.


Allí, entre el frío de la sierra, el trabajo del campo y el sonido constante de la banda filarmónica, Bernardo aprendió primero a hablar mixe antes que español.


Mis primeras palabras fueron en mixe”, dice. “Desde que empecé a hablar ese fue mi primer idioma. Tenía como cuatro o cinco años cuando me mandaron a la escuela. Ahí aprendí el español, el castellano”.


Totontepec era entonces su mundo completo: un pueblo de agricultura de autosustento, fogones de leña y caminos donde la música acompañaba la vida desde el nacimiento hasta la muerte.


Bernardo en Totontepec, Oaxaca
Bernardo en Totontepec, Oaxaca

Se dice que ahí uno nace, crece y se muere con la música de banda”, cuenta Bernardo. “Eso lo tiene uno muy arraigado”.


De niño, Bernardo quería seguir a su papá y a sus hermanos al campo. Pensaba que iban a divertirse. Hasta que un día, con apenas seis o siete años, lo dejaron ir. Entonces descubrió el peso real del trabajo: el cansancio, el monte, los mosquitos. “Una vez le dije a mi hermano: ‘¿Dónde me puedo ir para que ya no me piquen los mosquitos? Ya no aguanto’. Y él se reía y me decía: ‘¿No que tanto querías estar aquí? Pues eso es a lo que venimos’”.


Su infancia también estuvo marcada por una pérdida temprana. Bernardo tenía entre once y doce años cuando murió su padre. Su madre quedó sola con los hijos y la escuela comenzó a sentirse lejana. En la adolescencia llegó una etapa de rebeldía, de querer trabajar, ganar dinero, salir del pueblo, sentirse adulto antes de tiempo.


Uno no sabe realmente qué es lo que quiere”, dice ahora. “Nomás se quiere sentir muy adulto”.


Pero en medio de esa incertidumbre apareció la banda filarmónica de Totontepec.


Bernardo empezó a estudiar música alrededor de los 12 o 13 años. Al principio quería tocar trompeta, pero en la banda los instrumentos se elegían según el avance y la constancia de cada alumno. Como él mismo reconoce, no era el más disciplinado. Iba, aprendía un rato y luego se iba con los amigos. Cuando llegó el momento de escoger instrumento, la trompeta ya no estaba disponible.



Le tocó el saxofón alto. “Fue por las malas notas”, dice entre risas. “No tuve otra opción”.


Con el tiempo, ese instrumento que llegó casi por accidente se convirtió en una parte esencial de su vida.


La banda en Totontepec no era solo un espacio musical. Era una forma de servicio comunitario. A los músicos se les enseñaba sin cobrarles, se les entregaban instrumentos e insumos, pero después ellos debían tocar para el pueblo: fiestas, clausuras escolares, Día de las Madres, funerales, celebraciones religiosas y compromisos con otras comunidades.


Banda filarmónica de Totontepec Villa de Morelos
Banda filarmónica de Totontepec Villa de Morelos

“Si hay un difunto, hay que acompañar y no hay paga”, explica. “Es la manera de organización. No vas a pagar para que te enseñen, pero cuando aprendes tienes que tocar para el pueblo”.


Esa lógica comunitaria también se conectaba con la forma de gobierno por usos y costumbres. En su comunidad, dice Bernardo, no había partidos políticos como en otros lugares. El pueblo se reunía, proponía candidatos y votaba. Quienes pertenecían a la banda cumplían su servicio comunitario desde la música, por eso no eran elegibles para otros cargos.


Al marcharse de Totontepec la música, entonces, no era solamente arte. Era responsabilidad, identidad y pertenencia.


Pasó por Ciudad de México y Guadalajara. Trabajó en distintos lugares, incluso en una funeraria, pero la música siempre terminaba llamándolo de regreso. Un día, un amigo de la misma banda filarmónica lo llamó desde Estados Unidos. Estaba trabajando con el Circo Hermanos Vázquez y necesitaban un saxofonista.


“Soy aventado”, dice. “A veces uno no mide la magnitud de las cosas”.


Cuando le enviaron las partituras, entendió en qué se había metido. Eran muchas canciones, ritmos que nunca había tocado: rock, ska, música distinta a las sones, chilenas, cumbias y piezas tradicionales de su pueblo. Viajó a Ciudad de México para ensayar con la orquesta y luego llegó a Texas, donde comenzó la gira.


El choque fue fuerte.


Bernardo venía de una formación comunitaria, tradicional, aprendida en la práctica. De tocar en funerales se encontró en el circo rodeado de músicos profesionales, partituras exigentes y una dinámica de trabajo intensa. Había funciones todos los días: de lunes a jueves un show diario, viernes y sábado dos funciones, y los domingos tres. La gira duraba diez meses.



Algunos compañeros del circo dudaron de él. Decían que no estaba listo, que no podía con el trabajo. Pero el director musical, David Miranda, vio algo distinto.


“Hay compañeros tuyos que no te quieren aquí”, recuerda Bernardo que le dijo. “Pero la decisión la tomo yo. Si tú le echas ganas, te voy a dar la oportunidad. Yo no te voy a correr. Tú mismo te vas a correr. Depende de ti”.


Bernardo se aferró a esa oportunidad. Estudió con desesperación. Lecciones de rítmica, lectura musical, canciones nuevas. Su amigo el baterista se sentaba con él, le explicaba las partituras, le tenía paciencia.


“Yo ya ni podía dormir”, recuerda Bernardo. “Estaba chillando de impotencia, de coraje, arrepintiéndome de no haberle echado ganas cuando tuve la oportunidad”.


Después de un mes de esfuerzo intenso, el director le dijo que el trabajo era suyo.


Bernardo abajo del lado izquierdo con el circo Hermanos Vasquez
Bernardo abajo del lado izquierdo con el circo Hermanos Vasquez

La gira le permitió recorrer Estados Unidos por primera vez. También le enseñó los choques cotidianos de estar en otro país: el idioma, la comida, la moneda, las propinas, el precio de un corte de cabello. Pero lo más duro fue estar lejos de su familia. Su hijo tenía apenas cuatro o cinco meses cuando Bernardo se fue.


Lo que más me pegó fue cuando empezó a caminar y yo no estaba ahí”, dice. “Sentí que me había perdido una parte de su vida”.


Al terminar la gira, regresó a Oaxaca. El circo volvió a llamarlo, pero esta vez preguntó si podía llevar a su familia. Le dijeron que no. Entonces rechazó el trabajo.


Con el tiempo, volvió a buscar oportunidades musicales en México. En Ecatepec, entró a trabajar a una marisquería solo para poder acercarse a unos músicos que tocaban ahí. Les dijo que tocaba saxofón. Ellos le pidieron que sacara algunas canciones norteñas. Ese mismo día renunció al trabajo en el restaurante para estudiar las piezas. Pocos días después se fue con ellos a tocar a Zacatecas.


No tocó perfecto, pero tocó con ganas. Le dieron comida, le pagaron y lo invitaron a quedarse.


Durante un tiempo, Bernardo sintió que había encontrado un equilibrio: construcción entre semana, música los fines de semana. Pero al llegar la pandemia todo se derrumbó. En la construcción le pidieron quedarse encerrado en la obra para seguir trabajando. Él eligió la música, pensando que las fechas continuarían. Pero una tras otra, todas las presentaciones se cancelaron.


Me quedé como el perro de las dos tortas”, dice.


Regresó a Totontepec, pero la desesperación creció. Necesitaba hacer algo con su vida. En 2021 decidió regresar a Estados Unidos. 


En los Berkshires, Bernardo volvió a encontrarse con una realidad dura: la soledad.


“Llegar a la casa y que no haya nadie que te reciba, que te diga cómo te fue, cómo te sientes, o ven, aquí te preparé una comida… eso te acaba”, dice.



Fue entonces cuando la música volvió a salvarlo. La música dejó de ser un oficio para convertirse en la herramienta que lo mantuvo vivo durante ese periodo.


“Yo dije: necesito hacer música. Necesito alguien con quien tocar. No importa, yo no estoy buscando dinero, yo quiero hacer música”.


Empezó a buscar músicos en la zona. No fue fácil. Algunos no tenían la misma disciplina, otros veían la música como algo secundario. Bernardo quería ensayar bien, preparar las canciones, tocar con calidad y lo consiguió; todo mientras recuperaba sus raíces.


Si tú no tocas lo tuyo, nadie va a venir a decir: esta es nuestra música”, dice. “Hay gente que se avergüenza de sus orígenes, de su dialecto, de su raza, de sus raíces. Pero hay que sentirse orgullosos de lo que nos han heredado nuestros padres”.


La música, dice Bernardo, ha estado con él en las buenas y en las malas. Lo ha acompañado cuando no sabía qué hacer, cuando estaba lejos, cuando la tristeza pesaba demasiado.


Me ha ayudado a salir cuando he estado pésimo”.


Por ahora, sigue tocando, ensayando y buscando más músicos que quieran sumarse al proyecto.


La invitación está abierta para jóvenes, niños y músicos de la región que quieran aprender o tocar. El requisito principal, dice Bernardo, no es tener una formación perfecta, sino pasión.


Que sean apasionados. Que les guste. Que se den la oportunidad de aprender”.


Porque para él, cada nota sigue cargando algo de aquella comunidad entre las montañas de Oaxaca. Cada chilena, cada cumbia, cada melodía tradicional es una forma de recordar de dónde viene. Una forma de decir que Totontepec también suena en los Berkshires.


Para contactar a Bernardo y conocer más sobre el grupo, pueden llamar al 413-358-1706.



Bernanrdo con el grupo Media Noche en la Guelaguetza en Poughkeepsie,NY
Bernanrdo con el grupo Media Noche en la Guelaguetza en Poughkeepsie,NY

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