Lionstone Language Consulting derriba las barreras del idioma en los Berkshires
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Usted va a una oficina en los Berkshires y quiere tener acceso a los servicios que ofrece esa organización pero muchas veces la barrera del idioma se vuelve ese obstáculo en la sala de espera. Las organizaciones lo saben y quieren compartir su información con las comunidades migrantes pero no saben cómo hacerlo correctamente, y ahí, en ese vacío de intenciones, es donde surge Lionstone Language Consutling
Lionstone es el proyecto de Jeff Lowenstein que busca derribar la barrera lingüística que habita de manera sistemática en nuestro condado. Pero para empezar a contar esa historia tenemos que contar primero la de Jeff.
Cuando Jeff Lowenstein tenía 13 años viajó a Ecuador y regresó cambiado. Su padre trabajaba con una organización ambiental ayudando a comunidades indígenas a desarrollar proyectos de ecoturismo y, aunque Jeff solo estuvo allí unas semanas, fue suficiente para descubrir algo que terminaría marcando el rumbo de su vida. Se enamoró del español, de la cultura y de una forma distinta de entender la comunidad. Algo en la manera en que las personas se relacionaban entre sí, en el sentido de colectividad que percibía a su alrededor, le resultó profundamente atractivo.

“Con 13 años ya sabía que quería que esa gente fuera parte de mi vida”, recuerda.
Al regresar a Estados Unidos le pidió a sus padres volver al verano siguiente. La respuesta fue simple: no había dinero para otro viaje internacional. Pero hicieron un trato, si Jeff conseguía una beca su padre lo acompañaría pagando sus gastos de su propio bolsillo, y gracias a Berkshire Taconic Community Foundation pasó un mes entero en la Selva Chocó.
“Fue una experiencia increíble, usaba un machete, cuidaba los caminos; esa experiencia me impulso a continuar sirviendo a la gente. A los 20 años ya era bilingüe”
Sin embargo, el idioma no sería la única experiencia que definiría su futuro.
Durante su último año universitario en Boston mientras estudiaba Política comenzó a perder peso de manera alarmante. En apenas unas semanas perdió cerca de 30 libras. No entendía qué estaba ocurriendo. Finalmente los médicos encontraron la respuesta: diabetes tipo 1, una enfermedad que cambiaría para siempre su manera de ver el tiempo, el trabajo y el propósito de una vida.
“Tuve que enfrentar a mis 21 años la posibilidad de que quizás no tendría una vida larga. No podía contar con tener una vida larga. Entonces tuve que preguntarme qué significa tener una vida buena”.
Después de semanas y meses procesando el diagnóstico en la cama del hospital, llegó a una conclusión que terminaría guiando gran parte de sus decisiones futuras.
“Llegué a la conclusión de que una buena vida no se mide por cuántos años tienes”, explica. “Se mide por el impacto que puedes tener en la vida de otras personas”.
Esa idea se convirtió en una brújula. Después de graduarse decidió regresar a los Berkshires, donde había crecido y donde sentía que estaban sus raíces. Quería construir una carrera que le permitiera ayudar a otros. Su primer trabajo fue como organizador comunitario, una labor que descubrió casi por accidente y para la que fue contratado, en gran parte, porque hablaba español con fluidez. La experiencia le mostró algo que seguiría encontrando durante los siguientes diez años: las comunidades inmigrantes estaban presentes en todas partes, pero con frecuencia permanecían invisibles dentro de las instituciones que debían servirlas.

Con el tiempo trabajó en organizaciones enfocadas en combatir la pobreza, participó en iniciativas comunitarias promoviendo la inclusión y finalmente llegó a Greylock Federal Credit Union, donde continúa todavía sorprendiendo a los hispanohablantes nativos con su fluido español como Asesor Financiero. Pero la semilla de lo que hoy es Lionsgate Language Consulting empezó a crecer mucho antes.
Para entenderlo hay que volver todavía más atrás.
Jeff creció en Sheffield, Massachusetts siendo uno de los pocos estudiantes judíos de su escuela. Recuerda que cuando su familia quería ausentarse para celebrar festividades religiosas importantes como Yom Kippur o Rosh Hashaná, frecuentemente tenían que pelear para que esas ausencias fueran reconocidas como justificadas. Recuerda también caminar por los pasillos de la escuela viendo esvásticas nazis que habían sido incorporadas en un mural estudiantil sobre el Holocausto y la sensación de descubrir, desde muy joven, que algunas personas eran vistas como parte de la comunidad y otras no.
“Los Berkshires son un lugar hermoso”, dice. “Pero también son un lugar donde a veces construimos barreras sobre quién pertenece y quién no”.
Años después reconocería ese mismo patrón en otros lugares, como cuando una persona hispanohablante llegaba a una oficina pública y no encontraba información en su idioma. Lo veía cuando un paciente tenía dificultades para entender instrucciones médicas. Lo veía cuando una organización contrataba a una sola persona bilingüe y esperaba que resolviera por sí sola todas las necesidades lingüísticas de cientos de personas. Y también lo veía cuando instituciones con buenas intenciones invertían dinero en traducciones, líneas telefónicas o tecnología que terminaban siendo poco utilizadas porque nadie sabía cómo integrarlas adecuadamente.
“Muchas organizaciones quieren hacer lo correcto”, explica. “El problema es que no saben cómo”.
De ahí nace Lionsgate Language Consulting. Fundada hace apenas un par de meses pero que ya está dando pasos en nuestra comunidad; la empresa busca ayudar a organizaciones, municipios, escuelas, hospitales y negocios a desarrollar sistemas de acceso lingüístico más efectivos. Jeff insiste en que el acceso lingüístico es mucho más que traducir documentos o contratar intérpretes. Para él, ese es precisamente uno de los errores más comunes.
“Muchas organizaciones piensan: contratamos a una persona que habla español y ya resolvimos el problema”, explica. “Pero entonces todo lo que tiene que ver con español se vuelve responsabilidad de esa persona. No le pagan más, no le quitan otras responsabilidades y al final esa persona se cansa”.
Durante años ha visto cómo instituciones enteras depositan toda la responsabilidad en uno o dos empleados bilingües. Es una estrategia que suele fracasar. Las personas se sobrecargan, los sistemas dependen de individuos específicos y, cuando esos empleados se van, el acceso desaparece con ellos.
Una de las experiencias que más influyó en esta forma de pensar ocurrió en Greylock. La organización había realizado una importante inversión en servicios de interpretación telefónica. Sin embargo, el sistema apenas se utilizaba. Cuando Jeff y otros colegas comenzaron a investigar por qué, descubrieron algo simple: los empleados nunca habían recibido capacitación sobre cómo trabajar con intérpretes. Muchos tenían miedo de cometer errores. Otros temían perder el control de las conversaciones. Algunos no sabían cómo identificar si una interpretación era correcta.
“No era falta de interés”, explica. “Era falta de herramientas”.
La solución no fue comprar nueva tecnología. La solución fue enseñar y para Jeff, esa experiencia resume gran parte del problema que existe actualmente. “Ya entendemos por qué el acceso lingüístico es importante”, dice. “La pregunta ahora es cómo hacerlo bien”.

Por eso Lionstone no se enfoca principalmente en traducciones o interpretaciones. “Ya tenemos gente que está abogando por la justicia y el acceso lingüístico en nuestra comunidad, y también tenemos muchas organizaciones que están dispuestas a invertir recursos para promover el acceso lingüístico. El problema es cómo entre los dos lo hacemos”. Por eso su objetivo es ayudar a las organizaciones de nuestro condado a construir estructuras de acceso lingüístico duraderas. Crear sistemas que funcionen incluso cuando la persona bilingüe no está disponible. Desarrollar herramientas simples que permitan resolver problemas básicos más rápido, todo basado en cinco pilares: las personas, la cultura, la tecnología, las herramientas y la capacitación.
Para Jeff, el futuro de los Berkshires depende en parte de esa transformación. Ve una región donde la población inmigrante continúa creciendo mientras otras comunidades envejecen y disminuyen. Ve organizaciones que quieren conectar mejor con las personas a las que sirven. Y ve una oportunidad.
“No creo que el éxito de los inmigrantes signifique menos para los demás”, dice. “Creo que cuando los inmigrantes tienen éxito, todos tenemos éxito”.
Por ahora Lionsgate está dando sus primeros pasos. Jeff ya ha comenzado conversaciones con distintas organizaciones y gobiernos locales interesados en explorar nuevas formas de mejorar el acceso lingüístico.
Pero no tiene prisa. No está construyendo la empresa para hacerse rico ni para convertirse en el consultor más conocido de la región. La construyó por la misma razón que ha guiado muchas de las decisiones importantes de su vida.
Porque sigue pensando en el tiempo. Porque todavía vive con la conciencia de que la vida puede cambiar de un momento a otro.
Y porque después de pasar años reflexionando sobre qué significa una vida bien vivida, llegó a una conclusión sencilla.
“No sé cuánto tiempo tengo”, dice. “Pero sí sé que quiero usarlo para hacer una diferencia”.
Quizás por eso, cuando habla de Lionstone, no habla de negocios. Habla de personas. Habla de comunidades. Habla de puertas que permanecen cerradas para quienes no hablan el idioma correcto y de cómo abrirlas. Una por una.
Y mientras siga creyendo que una vida bien vivida se mide por el impacto que tiene en los demás, seguirá intentando que cada vez más personas encuentren una puerta abierta al otro lado del idioma.



