Gloria y Cindy: las mujeres que abrieron las puertas a la comunidad inmigrante en Greylock
- alexahnder
- 16 ene
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Fotos: Marina Dominguez

Dos mujeres, Gloria y Cindy, han ayudado a abrir puertas muy reales para la comunidad inmigrante y latina en los Berkshires. Puertas que durante años parecían imposibles de cruzar: algo tan básico como poder guardar el dinero en una cuenta bancaria sin tener Seguro Social era, hasta hace no mucho, impensable. Ellas no lo lograron con discursos que endulzaban el oido, sino con trabajo diario, paciencia y una convicción profunda: la dignidad empieza por el lenguaje. De eso se trata Spanish for Bankers.
Para contar la historia del programa Spanish for Bankers, clases de español para los trabajadores de Greylock Federal Credit Union, es inevitable contar también la historia de quienes lo hicieron posible. Gloria Escobar llegó desde Colombia hace 25 años, tomada de la mano de sus dos hijos pequeños de 10 y 4 años en busca de “mejores oportunidades para ellos, para nosotros como familia”. Como le ocurre a muchos inmigrantes, el comienzo fue duro. La barrera del idioma la acompañaba a todas partes, la aislaba de lo más elemental en su comunidad: en el médico, en la escuela, en el supermercado y, por supuesto, en el banco.
Hubo momentos en los que, para algo tan elemental como cobrar su cheque, tuvo que pagarle a otra persona. “Era muy difícil abrir una cuenta”, recuerda.
Aun así, con esa resilencia característica del migrante, Gloria tomó una decisión que le cambiaría el rumbo: inscribirse en clases de inglés, cuatro días por semana, de 6 a 9 de la noche, después de largas jornadas limpiando casas en Great Barrington. No reniega de ese trabajo, pero lo dice con claridad: “Yo sabía que no era lo que quería para mi futuro. Yo quería trabajar en lo que amaba; en Colombia me había formado en contabilidad”.


Cindy, en cambio, encarna la historia viva de Greylock. Lleva 40 años dentro de la institución. Empezó “desde abajo”, como cajera, y recorrió prácticamente todos los departamentos hasta llegar al liderazgo del Departamento de Desarrollo Comunitario. Greylock, cuenta, le pagó sus estudios. En su historia se refleja también la transformación de Pittsfield y los Berkshires: cuando la institución era GE Employees Credit Union, para ser miembro había que tener un vínculo con General Electric, "tenías que tener un familiar dentro para tener una cuenta". Luego llegó el golpe histórico en los ochentas tan sabido y recordado por todos: los recortes de GE en los Berkshires.“Para sobrevivir tuvimos que cambiar el enfoque, adaptarnos a la comunidad”, explica Cindy. Ese cambio no fue solo un nuevo nombre: fue un nuevo compromiso.

Ese compromiso tomó forma concreta en 2016, cuando Cindy y Gloria se unieron para crear algo que ni siquiera existía: un departamento de desarrollo comunitario enfocado en educación financiera y acceso. Cindy lo dice sin rodeos: “Yo estaba en manejo de riesgos, pero le dije al CEO que no quería eso. Yo quería educar. Quería ayudar”.Gloria aportó algo igual de valioso: la evidencia real, el testominio de lo que vivía la comunidad inmigrante, marcada por miedo, desinformación y abuso. Lo vio con claridad al trabajar con empleados agrícolas cuyos patrones sacaban préstamos a su nombre: los inmigrantes pagaban, pero el crédito se construía para otro, y además quedaban atados por seis o siete años con el patrón hasta terminar de pagar el prestamo en el mejor de los casos. “Había demasiada desinformación… y mucha gente quedaba atrapada”, resume Gloria.

La respuesta fue práctica y profundamente humana: clases, talleres, acompañamiento personalizado y materiales bilingües. Una inversión clave para ofrecer información en más de 300 idiomas. Por primera vez el presupuesto familiar, información tan básica como cómo comprar una casa, diferencias entre tarjeta de débito y crédito, cómo identificar fraudes y entender lo que se firma estaba en español.Cindy recuerda un momento decisivo: después de una clase en Berkshire South, la gente se quedó más de una hora preguntando: “¿Qué firmé? ¿Qué hice?”. No eran preguntas académicas; eran preguntas de vida. Ahí se consolidó la palabra clave que ambas repiten: confianza.

Esa confianza de la comunidad exigió cambios internos. Antes, Greylock no abría cuentas sin Seguro Social o ITIN. Gloria insistió con una pregunta simple y poderosa: “¿Por qué no?”. Buscaron apoyo nacional, empujaron procesos, se asesoraron y lograron abrir por primera vez servicios de depósito para la comunidad inmigrante. Por primera vez, personas migrantes tuvieron cuentas de ahorro y cheques en Greylock, tarjeta de débito y banca en línea. Dejaron de cargar efectivo o esconderlo por miedo. “Tener todo en efectivo es peligrosísimo”, coinciden.

La transformación continuó desde adentro. Así nació Spanish for Bankers, un programa interno y voluntario donde empleados aprenden español y cultura para atender mejor. No es simbólico: tiene currículo formal, semanas de práctica, modalidad híbrida y tiempo pagado por la institución. Es correcto, Greylock les paga a sus empleados por aprender español.Gloria aporta el vocabulario real; Cindy comparte historias que lo dicen todo: un empleado que apenas podía saludar en español, pero lo hacía con tanta calidez que la gente esperaba su turno. No era perfección; era un gesto de humanidad.
En el fondo, el trabajo de Gloria y Cindy es acompañar. Gloria es un rostro conocido para la comunidad hispanohablante en las ferias y festivales, enseña sin juzgar y quita el miedo de acercarse al banco. Cindy abre caminos, empuja ideas y las convierte en programas. “Gloria me hace mejor líder”, dice con admiración. Gloria lo resume así: “Aprendemos de ellos y ellos de nosotros”. Y cuando habla de su equipo, lo hace desde la misión: “Queremos que todos se sientan bienvenidos”.
En una región donde muchas familias inmigrantes siguen construyendo su vida entre trabajo, trámites, idioma y sueños, el impacto de Gloria y Cindy es silencioso pero profundo:que abrir una cuenta no sea un acto de miedo,que pedir un préstamo no dependa de un intermediario,que entender un contrato sea un derecho y no un privilegio.A veces la inclusión se ve en grandes eventos. Pero casi siempre se sostiene en los detalles: un “buenos días y bienvenido” en la puerta, una clase, un taller, una pregunta respondida sin prisa. Y ahí, en esa suma cotidiana de pequeñas acciones, Greylock está ayudando a que la comunidad no solo sobreviva, sino que prospere.





