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ANTES DEL DISPARO: LA MIRADA DE LUIZA FOLEGATTI

hace 10 horas
6 min de lectura

Antes de levantar la cámara, Luiza Folegatti, artista brasileña multidisciplinaria, pregunta y, sobre todo, escucha. Puede pasar bastante tiempo antes de que presione el disparador. Cuando llega por primera vez a la casa de alguien, muchas veces comienza con una entrevista: quiere saber qué lugar importa dentro de ese espacio, qué recuerdo permanece allí, qué hacen juntas una madre y una hija, qué fragmento de una historia podría existir dentro de una imagen.


“En algún momento vamos a algún sitio que refleje algo que ellas me han contado de sus historias. Me parece interesante estar en su ambiente íntimo de la casa, pero también saber qué les gusta hacer, un sitio al que les gusta ir, algo que les gusta hacer juntas, algún momento de su vida que fue muy importante. Es un ambiente muy íntimo y agradezco mucho que las personas tengan confianza en mí”, dice.


Después fotografía. Pero para ella el obturador nunca ha sido exactamente el principio ni el final.


“A mí me gusta entender la fotografía como una experiencia. Y ese proceso es más importante que el producto final”.


Por eso las imágenes de Luiza parecen menos interesadas en confirmar lo que creemos saber que en ponerlo en duda. Su trabajo artístico es también antropología visual, interroga las certezas que hemos aprendido a reconocer casi automáticamente: ¿cómo debe verse una mujer? ¿Qué entendemos por vulnerabilidad? ¿Qué rostro le hemos asignado a la migración? ¿Cómo reconocemos el poder antes incluso de que alguien nos diga que estamos frente a una persona poderosa?


La cámara no aparece para fijar una respuesta, sino para cuestionar quién decidió cómo deberían verse esas categorías en primer lugar.


“Es un trabajo a largo plazo. Con las familias me he encontrado un par de veces; no es algo que sale en una sesión solamente. Después son muchos encuentros, y ya son un par de años sacando fotos a las familias”.


Luiza Folegatti y Catheryn Chacon ensayan la fotografía juntas.
Luiza Folegatti y Catheryn Chacon ensayan la fotografía juntas.

Luiza nació en Piracicaba, en el interior del estado brasileño de São Paulo. En su familia no había artistas. “Yo fui la primera”, dice en perfecto español, uno de los cinco idiomas que domina. Su padre fue profesor universitario y su madre, investigadora. La educación ocupaba un lugar central en casa y sus padres encontraban la manera de acercarle los libros que despertaban su curiosidad.


Su madre también la llevaba al cine. Luiza recuerda especialmente una muestra cinematográfica a la que asistieron cuando ella tenía unos 15 años. “Me abrió un poco la cabeza para ese mundo”.


Durante sus años en la Universidad Estatal de Campinas, aquella curiosidad comenzó a convertirse en una posibilidad profesional cercana al periodismo.


“Percibí que yo podía hacerlo. Había experimentado, me había gustado y yo sentía que podía seguir con eso”.


Después trabajó en São Paulo como freelancer, fotografiando y filmando danza contemporánea, performances y proyectos audiovisuales. Una beca del instituto Goethe la llevó más tarde a Alemania para estudiar antropología visual. Quería unir las ciencias sociales con aquello que ya sabía hacer con la cámara.


El género fue uno de los primeros territorios donde esa inquietud tomó forma. En trabajos como Sequence (2012), Luiza explora identidades fluidas y las maneras en que construimos visualmente aquello que interpretamos como femenino.


Fotografía de Sequences de 2012 revisada en 2021. Fotografía digital, instalación con 24 imágenes. Luiza Folegatti
Fotografía de Sequences de 2012 revisada en 2021. Fotografía digital, instalación con 24 imágenes. Luiza Folegatti

“Cosas del día a día que me molestaban por el hecho de ser mujer me llevaban, creo, a trabajar con esos temas”.


En 2018 participó en Señores, esto es una teta, una exposición colectiva de fotógrafas latinoamericanas presentada dentro de Monat der Fotografie OFF Berlin, en el espacio povvera, en Berlín. La muestra abrió el 1 de noviembre y permaneció durante ese mes, con trabajos alrededor del cuerpo femenino, la fluidez de género y la lucha feminista.


La pregunta detrás de aquellas imágenes comenzaría a acompañarla también fuera de las galerías: cuánto de lo que creemos reconocer en una fotografía pertenece realmente a la persona retratada y cuánto proviene de las imágenes que hemos aprendido a aceptar como normales.


Una fotografía puede parecer neutral, y puede serlo sin duda, pero la mirada rara vez lo es.


En Berlín, esa reflexión dejó de ser únicamente visual. Luiza comenzó como voluntaria en Xochicuicatl, un centro para mujeres latinoamericanas. Impartió talleres de fotografía, realizó entrevistas y posteriormente trabajó como asesora social. Allí conoció historias atravesadas por el idioma, la violencia, la burocracia, la distancia y la necesidad de reconstruir una vida en otro país.


Imagen perteneciente a la serie Lo que elijo de mí misma.Instalación imagen, video y audio 2018, Berlín. Luiza Folegatti
Imagen perteneciente a la serie Lo que elijo de mí misma.Instalación imagen, video y audio 2018, Berlín. Luiza Folegatti

También comenzó a observar cómo ciertas experiencias eran representadas casi siempre desde el mismo lugar. La migración era una de ellas.


Durante esos talleres, además, la maternidad aparecío una y otra vez.


Años después, ya en los Berkshires, aquellas dos conversaciones —migración y maternidad— terminarían encontrándose dentro de su propia fotografía. A través del Berkshire Immigrant Center comenzó a conocer a madres interesadas en participar en un proyecto que acabaría desarrollándose durante años.


“Casi todas las veces la respuesta del ‘¿por qué emigraste?, ¿por qué hiciste todo eso?’ era: ‘para dar una vida mejor a mis hijos, hijas’”.


Sin embargo, cuando empezó a fotografiarlas encontró algo que chocaba con la representación habitual de la persona migrante como alguien definido principalmente por la pérdida, la precariedad o el sufrimiento.


“Cuando empecé a hablar con ellas, me quedó claro que esas personas tenían un rol muy importante en la comunidad acá”, explica.


Eran madres, pero también trabajadoras, organizadoras y mujeres que estaban abriendo caminos para quienes llegarían después.


“La manera como ellas hacían eso no venía de un lugar de angustia”, dice. “Venía de creer que la vida podía ser mejor y que querían lo mejor para sus hijas, hijos, para las otras personas. Había mucho cuidado, había mucha alegría”.


La alegría, en sus fotografías, no niega la dificultad: la vuelve a su realidad más compleja.Luiza conocía demasiado bien los obstáculos después de años acompañando a mujeres migrantes. Precisamente por eso no quería que esos obstáculos ocuparan todo el encuadre.


“Claro, es una vida con mucho trabajo, con mucha fuerza, mucha dedicación, sacrificio, con obstáculos, pero también con mucho amor, yo creo. Y con mucha determinación. Entonces yo quiero enseñar eso en mis fotos”.


Hay una imagen a la que regresa con frecuencia. Una madre y sus dos hijas aparecen de espaldas frente a una cascada. El otoño de los Berkshires rodea sus cuerpos y las tres llevan huipiles. Luiza la tituló Cascata.


Cascata. Fotografía digital de la serie Mother and Daughter Dance 2018- presente. Luiza Folegatti
Cascata. Fotografía digital de la serie Mother and Daughter Dance 2018- presente. Luiza Folegatti

“La cascada, como esta idea de continuación, ¿no?”, explica. “El paisaje de los Berkshires, que es muy único de acá, entonces también como pertenecer a este lugar, a este nuevo lugar”.


Los huipiles agregan otra historia. La madre le explicó que, al vestirlos, cargaba también con la presencia de quienes habían venido antes.


“Es como estar con su abuela, estar con su mamá allí y tener esto protegiendo, como un abrazo”.


La imagen podría leerse rápidamente como una fotografía sobre migración. Pero, a través del lente de Luiza, se permite ser algo más.


Puede hablar de pertenencia sin borrar el lugar anterior. De maternidad sin reducirla al sacrificio. De tradición sin convertirla en una pieza inmóvil del pasado. Tres mujeres están frente a una cascada, pero varias generaciones ocupan la imagen.


Más recientemente, esa misma inquietud por cuestionar lo que damos por sentado apareció en All the Power/Todo el poder, un taller desarrollado gracias a un apoyo del Mass Cultural Council. Allí trabajó con jóvenes observando fotografías de personas consideradas poderosas en la política, los deportes y otros espacios. Antes de producir sus propias imágenes, analizaron las existentes: qué postura, qué escenario, qué ropa, qué expresión hacen que interpretemos inmediatamente a alguien como poderoso.


Otra certeza visual convertida en pregunta.


En meses recientes, la cámara también ha comenzado a apuntar hacia Luiza. Hace poco nació su segunda hija, y la experiencia del posparto empezó a entrar en su trabajo. Primero está documentando su propia experiencia; después quiere acercarse a otras madres migrantes.


“La experiencia del parto, del posparto, para una mujer inmigrante es muy singular”, explica, “porque la persona generalmente no tiene esta gente de apoyo que uno tiene en su país, con su familia, con amigos de toda la vida”.



Convertirse en madre también transformó la manera en que escucha aquellas historias que lleva años fotografiando. Antes podía acercarse a ellas desde la empatía. Ahora existe otra forma de comprensión.


“Ahora como madre, yo entiendo por experiencia. No es solo por escuchar y tener empatía, sino por tener experiencia, porque yo quiero lo mismo también. Yo quiero que mis hijas tengan una vida buena, una vida tranquila, donde puedan ser lo que quieran ser”.


Durante años había escuchado esa misma esperanza en boca de otras mujeres.


“Yo quiero lo mismo también”, dice Luiza.


Género, migración, maternidad, poder. A primera vista podrían parecer cuatro temas distintos. En la fotografía de Luiza, sin embargo, terminan encontrándose alrededor de una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando dejamos de aceptar como definitiva la primera imagen que una categoría produce en nuestra cabeza?


Para ella, la fotografía también contiene una posible respuesta.


“Para mí la fotografía tiene un potencial de transformación”, dice.


Puede crear un momento para mirar una situación, comprenderla, reflexionar sobre ella y, eventualmente, transformarla.


Por eso necesita conversar antes de fotografiar. Una cámara puede confirmar, en una fracción de segundo, todo aquello que creemos saber sobre una persona y el trabajo de Luiza Folegatti comienza precisamente antes de ese instante: cuando decide todavía no presionar el disparador y se pregunta por qué, para qué y cuándo hacerlo.


Luiza Folegatti. Imagen: Artist at work
Luiza Folegatti. Imagen: Artist at work

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