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Pildorama: una píldora radial para entender, acompañar y sanar en comunidad

  • hace 10 horas
  • 5 Min. de lectura

En una cabina de radio en Pittsfield, entre micrófonos, cámaras, audífonos, libretas y ese pequeño nerviosismo que antecede a toda grabación, Pildorama cobra vida como empiezan muchos otros proyectos valiosos: con una conversación entre amigos.


“Hola, hola, ¿cómo estamos? "Buenas tardes… bienvenidos a su programa Pildorama”


Melchor y Citlali en los estudios de grabación de WTBR
Melchor y Citlali en los estudios de grabación de WTBR

Lo que parece una simple introducción abre, en realidad, un espacio profundamente necesario con más de un año y medio de historia. Un espacio en español, pensado desde y para la comunidad latina de los Berkshires, donde se habla de salud mental, migración, bienestar e identidad con una mezcla poco común de información, humor experiencia personal y cercanía.


Originalmente tenían pensado grabar un podcast, “si era necesario desde la cocina” dice Citlali, para aquietar esa inquietud de llevar su mensaje a la comunidad en español del condado. Ahora Melchor y Esteban, originarios de Colombia, y Citlali, de México lo hacen detrás de los micrófonos de WTBR 89.7 FM Community Radio.


Desde el principio lo tenían claro, los temas de salud mental eran prioritarios.“Empezamos a hablar de lo que nos toca… de nuestra realidad en los Berkshires. La ansiedad frente a políticas migratorias federales, el impacto de las fake news, las adicciones, el suicidio, el bienestar. Temas complejos que no siempre tienen respuestas claras, pero que sí generan preguntas” comparten.


Esteban maneja dos horas para realizar el programa
Esteban maneja dos horas para realizar el programa

Y ahí está el corazón del programa porque “Las preguntas se vuelven información… y la información en píldoras”. Dice Esteban


Una píldora que no lo cura todo, pero que sí ayuda a mirar con más claridad lo que pasa adentro y alrededor de nosotros en los Berkshires. Porque Pildorama no pretende ser terapia ni sustituir ayuda profesional. Es, más bien, un puente: el programa se construye como una respuesta a esas cargas invisibles que acompañan la experiencia de rehacer la vida lejos del país de origen.


“Nos enfrentamos a un mar de información y nosotros somos un filtro… la entregamos en una capsulita. Esa capsulita no le va a salvar la vida, pero sí lo va a hacer sentir un poquito mejor”, explica Melchor.


En una era dominada por lo visual, Pildorama apuesta por la radio. ¿Por qué? Porque la conexión no necesita imagen. Necesita voz.


“La gente no necesita conectar con cómo nos vemos, sino con lo que estamos diciendo”, dice Citlali. “La radio nos permite esa intimidad antigua y poderosa: la sensación de que alguien está ahí, acompañando, explicando, conversando contigo, aunque no te vea”.


“Con las redes sociales entendimos que no solo es hablar de lo que nosotros queremos… sino de lo que la gente necesita escuchar”.


La preparación de cada programa puede extenderse por horas...



“Nos sentamos a hablar tres o cuatro horas… y de algo muy sencillo puede salir algo muy interesante”. Luego viene el trabajo más difícil: condensar.


“A veces tenemos que cortar mucho de la hora y cacho que grabamos… hay cosas que se quedan fuera porque el tiempo no da”.


Pero el programa no se queda en lo abstracto. Baja la información, la aterriza, la hace útil.


“La idea es acercar la información que ya existe… pero explicarla con datos, con ejemplos y con lugares donde la persona pueda ir”, añade Citlali.


Así, Pildorama no solo informa: contextualiza, conecta y valida experiencias de los locales.


“No es lo mismo vivir esto en tu país… que vivirlo como inmigrante en los Berkshires”, dice Citlali. “La idea es que la gente sienta que no está sola”.


“El que se va no es el mismo que regresa”, reflexiona Esteban.


Y en ese proceso ocurre algo inesperado: “Uno llega pensando que va a absorber la cultura de Estados Unidos… pero termina aprendiendo mucho más de Latinoamérica”, añade Melchor.


Melchor atrás de los controles de sonido en la cabina
Melchor atrás de los controles de sonido en la cabina

La vida latina en los Berkshires está atravesada por desafíos que no siempre se ven: la distancia de la familia, el idioma, la adaptación cultural, los trabajos exigentes, la incertidumbre, el duelo migratorio, la nostalgia, el aislamiento, el primer invierno. La lista es larga.


Para muchos, consumir medios de sus países es una forma de mantener ese vínculo con lo que dejaron atrás. Pildorama, en cambio, propone algo distinto: habla en español, sí, pero desde aquí. Desde esta geografía concreta. Desde la experiencia real de ser latino e inmigrante en el oeste de Massachusetts. Ahí radica gran parte de su fuerza.


La dinámica entre Citlali, Esteban y Melchor es clave. Aunque existe una estructura, el programa no está completamente guionado.


“Nosotros no sabemos qué va a decir el otro cuando llegamos al programa”, confiesa Esteban.


Esa espontaneidad genera riqueza, pero también fricción.


“Sí hemos tenido roces, diferencias de opinión… pero en este espacio se respeta lo que cada uno piensa” menciona Citlali a la pregunta de las fricciones.


Recuerdan, por ejemplo, un episodio sobre medicina alternativa versus medicina tradicional, donde el debate fue intenso.


El debate enrique el programa cada semana con los distintos puntos de vista de sus participantes
El debate enrique el programa cada semana con los distintos puntos de vista de sus participantes

“Es un ejercicio de democratizar… escuchamos, no juzgamos”. Y en esa escucha también se construye comunidad. Porque más allá de sus diferencias, hay algo que los une profundamente.


“Como migrantes, todos hemos pasado por situaciones que nos han puesto aquí… y eso nos conecta más que cualquier diferencia”.


Esa espontaneidad convierte cada episodio en una conversación viva, donde las diferencias no solo aparecen, sino que enriquecen. De ahí surge una de las mayores fortalezas del proyecto: la diversidad de pensamiento.


Actualmente, Pildorama se encuentra grabando su segunda temporada. La primera de 13 episodios—que tomó siete meses de trabajo— abordó temas como miedo, ansiedad, depresión, migración, vigorexia, adicciones, bienestar, identidad y alimentación. La nueva etapa promete ir más allá, explorando cómo la sociedad moldea nuestras conductas, vínculos y percepciones.


Como todo proyecto independiente, los desafíos son constantes. Desde el invierno —que puede obligar a reagendar grabaciones de un día para otro— hasta la pregunta permanente sobre cuánto tiempo personal se sacrifica para sostener el proyecto.


En el caso de Esteban, ese compromiso va más allá del tiempo de cabina: conduce más de dos horas para llegar a la cabina en Pittsfield. Los otros miembros tienen que ajustarse a eso y lo hacen, porque si Estaban pone el Corazón detrás de cada milla recorrida, Melchor y Citlali, dejan el corazón detrás del micrófono


Cada integrante aporta una mirada distinta. Pero todos coinciden en algo: la información no sirve si no logra tocar la vida de quien escucha. Por eso la vuelven local. Cercana. Reconocible. Y en ese proceso, el programa también los transforma a ellos.


“Hay temas que al inicio no me parecían interesantes… y luego se vuelven súper potentes”, admite Esteban cuyo programa favorito de la primera temporada fue el de la Soberanía alimentaria.


“La información del bienestar, por ejemplo, me cambió la forma de entender muchas cosas”, dice Citlali quien también se vio impactada por el programa de las Adicciones.



“A veces vuelvo a escuchar los programas y digo: esto lo tengo que aplicar”, reconoce Melchor mientras piensa en el programa de Apropiación cultural.


Pildorama no solo informa. También nombra. Y nombrar, para muchas personas, ya es una forma de alivio.


Esteba, Citlali y Melchor
Esteba, Citlali y Melchor

El proyecto termina siendo más que un programa de radio: abre puertas: al diálogo, al reconocimiento, a los servicios disponibles de los Berkshires y, sobre todo, a la posibilidad de pedir ayuda sin vergüenza.


La segunda temporada apenas comienza, pero las ideas ya apuntan más lejos: formatos más largos de 30 minutos, materiales complementarios, mayor presencia en redes, colaboraciones institucionales, conversaciones internacionales e incluso llevar el programa fuera de la cabina, directamente a la comunidad.


Porque Pildorama no busca tener todas las respuestas. Busca algo más simple —y más urgente—: que nadie se sienta solo, y sobre todo que navegue como ellos mismos dicen con:


“La pildorama semanal para entender mejor nuestro día a día”

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