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Lara Setti: la médica que aprendió a escuchar lo que no se dice.

  • hace 1 día
  • 6 Min. de lectura

Antes de convertirse en médico civil en los Berkshires y acompañar a centenares de familias inmigrantes en procesos médicos ligados a su estatus migratorio, Lara Setti llegó, hace años, una noche a El Salvador sin hablar español.


Hoy, esa experiencia, la de moverse dentro de un sistema que no explica nada define cómo atiende a pacientes inmigrantes en el oeste de Massachusetts.


Lara Setti afuera de su consultorio en CHP en Great Barrington
Lara Setti afuera de su consultorio en CHP en Great Barrington

Era mediados de los años noventa. Había llegado un par de años después del fin de la guerra civil salvadoreña. El aeropuerto de un país en recuperación, los formularios, las instrucciones: todo estaba en un idioma que no entendía, pero que anhelaba aprender. Estaba ahí tras seguir el consejo de un conocido: “si verdaderamente quieres aprender el idioma, vete a un país sin turistas”, y se fue a El Salvador con la certeza, casi profética, de que el español sería parte de su futuro profesional algún día.


Un desconocido le pidió su pasaporte y llenó su documentación al verla confundida con el documento. Otro, al salir de migración, pronunció una palabra que sí reconoció: “taxi”. Subió al vehículo con la dirección en la mano de la familia que la hospedaría, sin saber cuánto pagar ni exactamente qué estaba pasando.


Lara ausculta a un pacinete en el salvador en la década de los noventas
Lara ausculta a un pacinete en el salvador en la década de los noventas

Aquel desconcierto no desapareció: se transformó. Con los años, regresó varias veces a El Salvador. Su español mejoró, pero lo que más cambió fue su forma de entender a las personas. Una de las historias que más la marcaron fue la de un hombre de Suchitoto que había sobrevivido a una matanza militar durante su infancia, cuando su comunidad en las montañas de Cuscatlán era considerada simpatizante del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) , una coalición de grupos guerrilleros de izquierda.


“Recuerdo que me contó que de niño se había quebrado el fémur al caerse de un árbol, y tenía toda la pierna enyesada. Cuando la gente comenzó a huir del ejército, algunos le dijeron a su madre que debía dejarlo atrás. Pero ella se negó.


Llegaron hasta un punto cercano al agua, donde las personas cruzaban en bote hacia una isla. Allí, a los enfermos y ancianos los dejaban escondidos entre los árboles porque no podían seguir. Su madre decidió llevarlo con ella a las cuevas. Más tarde supieron que todos los que habían sido dejados atrás fueron asesinados”.


Lara apunta a uno de los muchos pacientes que ayudó
Lara apunta a uno de los muchos pacientes que ayudó
Cada punto en el mapa indica un paciente que ha pasado por su oficina
Cada punto en el mapa indica un paciente que ha pasado por su oficina

Años después, en Ecuador, trabajando en una clínica de salud en un pequeño poblado, otra experiencia la enfrentó a los límites de la medicina. Un pequeño con malaria cerebral llegó en condiciones críticas.


“Lo cargué asumiendo según su apariencia lo que podría tener. Le dimos el último antibiótico disponible del estante, iniciamos una vía intravenosa, y alguien caminaba a mi lado sosteniendo la bolsa para que el suero fluyera. Nos subimos a un bote y viajamos río abajo como una hora hasta la ciudad más cercana.


Subimos por unas escaleras empinadas, nos montamos en la parte trasera de una camioneta y lo llevamos al hospital. Pero no había médicos. Todos estaban en huelga. El niño murió y ese fue mi último día.


La doctora Setti explica los distintos origenes y motivos por los cuales cada paciente dejó su país.
La doctora Setti explica los distintos origenes y motivos por los cuales cada paciente dejó su país.

Esa experiencia marcó un límite personal, pero también una convicción: la medicina no puede separarse del contexto humano.


Con el tiempo, su vida volvió a cambiar. Nació su primer hijo y la familia se trasladó a Carolina del Norte, donde trabajó en una clínica para trabajadores agrícolas migrantes, la primera de su tipo en Estados Unidos.


Pero también en Carolina del Norte el ritmo la llevó al límite. Estaba de guardia en otro hospital, y cada tercera noche en obstetricia, atendiendo partos, mientras vivía a 25 o 30 minutos del hospital. Tenía un hijo de un año y otro de cuatro, adoptado de Guatemala. A veces debía ir cuatro o cinco veces al día.


Y simplemente no estaba mejorando, y no iba a mejorar”, recuerda.


Un miembro de la comunidad a la que Lara Setti ayudó
Un miembro de la comunidad a la que Lara Setti ayudó

Fue entonces cuando surgió una oportunidad inesperada: un trabajo en un pequeño pueblo en el oeste de Massachusetts.



Desde entonces, Lara Setti trabaja en los Berkshires, atendiendo a personas en CHP de Great Barrington que llegan con barreras no solo de idioma, sino también culturales. Pacientes que llegan con miedo, con documentos pendientes y con preguntas que muchas veces no se atreven a formular en una consulta médica.


Por eso, su práctica como médico civil comienza mucho antes del estetoscopio. Para Setti, la medicina empieza con escuchar.


“Veo la medicina casi como ser detective”, explica. “Hay que seguir pequeñas pistas, hacer preguntas distintas y entender qué hay detrás, qué se enmascara en el síntoma”.


En su consulta, los síntomas rara vez son solo físicos. Un dolor de cabeza puede esconder ansiedad; un dolor de estómago, miedo; el insomnio puede estar ligado a una cita migratoria o al temor de separación familiar.


Si solo atiendo el bienestar físico, no puedo realmente promover una salud integral en la persona.


Su vocación tiene raíces profundas. Creció en una familia marcada por el servicio: su madre era enferera y su padre había estudiado para ser sacerdote. En el colegio Quaker al que asistió aprendió una lección que aún guía su trabajo: cualquier profesión debe orientarse al beneficio de la comunidad.


Lara en su consultorio de CHP firma una orden médica
Lara en su consultorio de CHP firma una orden médica

Son casi dos décadas las que ha dedicado a programas de salud comunitaria, combinando medicina familiar con apoyo directo a la población inmigrante: historial clínico, vacunas, pruebas de tuberculosis y otras evaluaciones.


“Una vez le pregunté a una mujer que venía por su chequeo migratorio si estaba emocionada por poder viajar y ver a su mamá. Me respondió: ‘Murió. No la había visto en 20 años… y acaba de morir’”.


Es brutalmente difícil hacer este trabajo”, reconoce.


Esas consultas son mucho más que un requisito. La cambian a ella misma y son, al mismo tiempo, muchas veces, una puerta de entrada a una mejor calidad de vida para los pacientes.


Setti no se limita únicamente a su trabajo clínico. También participa en iniciativas comunitarias como BASIC Berkshire, que promueven la preparación familiar ante escenarios difíciles, como la posible detención o deportación de un miembro del hogar.


El plan propone empezar por pasos pequeños pero cruciales: designar a una persona de confianza, incluirla en contactos escolares o médicos, y poco a poco construir una red de protección”.


No se trata de generar miedo, insiste, sino de anticiparse.



Imagínate qué pasa con el dinero de una persona que es deportada en el banco, con su carro, su casa ya pagada, con su familia e hijos”.


El formulario de Plan de Preparación para Emergencias para familias e individuos propone precisamente eso: comenzar con decisiones pequeñas pero fundamentales que, con el tiempo, pueden marcar la diferencia en momentos de crisis.


Hablar públicamente sobre estos temas tampoco ha sido fácil. Y, sin embargo, Setti está lejos de verse a sí misma como una heroína de la comunidad. “Se siente más como un regalo”, dice.


Su práctica no encaja en citas médicas de 15 minutos. A veces se extiende hasta una hora. A veces requiere escuchar toda una historia de vida antes de entender el motivo real de la consulta.


Las personas no pueden dividirse en segmentos de tiempo”.


Ahí está el centro de todo su trabajo. Llenar ese hueco donde miles de personas inmigrantes navegan sistemas que no siempre entienden, ni sienten que les pertenezcan, el trabajo de Lara consiste en algo más que diagnosticar.


Consiste en traducir, acompañar y, sobre todo, reconocer lo que no siempre se dice.


Tengo el privilegio de esta oportunidad de trabajar con la comunidad inmigrante aquí”, afirma.


Ellos me dan más de lo que yo puedo darles, honestamente, siempre. Y creo que, en esa dedicación a la causa, ellos refuerzan eso en mí y me han impulsado a seguir adelante”. La medicina que practica Lara no empieza con un síntoma ni termina con un tratamiento. Pero sí empieza con una historia y con la decisión de no ignorarla.

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