La era del jazz, ilustraciones: Un viaje visual a través de la revolución cultural en el Norman Rockwell Museum
- alexahnder
- 18 nov
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LENOX— El Norman Rockwell Museum acoge esta temporada entre sus salas y hasta el 26 de abril una de las épocas más intensas, desafiantes y transformadoras de la historia estadounidense: La Era del Jazz Ilustraciones. Lo que cuelga en las paredes del museo no es simplemente una exposición, es una inmersión total en la historia gráfica de un país que aprendía a reinventarse a sí mismo después de la Primera Guerra Mundial, y lo hizo con la ayuda de la comunidad afroamericana; es decir, con ese ritmo festivo único, enérgico y rebelde.

Las salas del museo palpitan con ilustraciones, portadas de revistas y piezas gráficas que festejan la vida entre 1919 y la década de 1940, cuando el jazz irrumpió desde las entrañas de la sociedad americana como un volcán dispuesto a modificar para siempre el imaginario colectivo de toda una generación: moda, vida nocturna, la publicidad, las relaciones sociales, nada queda sin señalarse en las más de 100 imágenes reunidas que conforman las cuatro salas de la exhibición.
“El jazz limpia el polvo de la vida cotidiana”
Así dice la frase atribuida al baterista de jazz Art Blakey que se lee en la sala dedicada al Harlem. Y es precisamente en ese frenesí nocturno de la vida misma donde late el corazón de la exhibición, La Era del Jazz es entre otras cosas un homenaje a los bares clandestinos que florecieron tras la época de la prohibición del alcohol, y al lugar donde se focalizaban, el Harlem , que emergió como epicentro de música, baile y efervescencia cultural de la época.

Las ilustraciones firmadas por Jay Jackson y E. Simms Campbell, capturan el dinamismo de los clubes desbordados de vida, donde aparece la actriz y cantante Etta Moten en pleno torbellino del Charleston, envuelta en el swing imparable y la energía magnética de figuras como Cab Calloway y la pionera Gladys Bentley.
La exhibición también subraya el papel esencial de la comunidad afroamericana en la creación de este nuevo lenguaje artístico. Tras la migración masiva de familias de color desde el sur rural hacia las ciudades del norte, escapando de las leyes de Jim Crow, en busca de mejores empleos, vivienda, educación y, sobre todo, de una vida lejos de la violencia racial donde surgió un impulso cultural sin precedentes: el Harlem Renaissance.
El Harlem Renaissance

Artistas como Aaron Douglas, Lois Mailou Jones y Laura Wheeler Waring crearon imágenes que desafiaban los estereotipos raciales de la época como se aprecia las ilustraciones de The Picture Poetry Book, estos dibujos para niños daban a las nuevas generaciones nuevos roles a seguir. Algunas de estas imágenes que están en el Norman Rockwell nunca fueron impresas como la del caricaturista Oliver Wendell que usó la sátira para denunciar las contradicciones de un país que proclamaba libertad mientras permitía el linchamiento de sus propios ciudadanos afrodescendientes.
El Harlem de aquellos años fue una celebración audaz, moderna y profundamente afirmativa de la identidad afroamericana: un estallido creativo que transformó la música, la literatura, las artes visuales y, con ellas, la historia cultural de los Estados Unidos.

Más allá de la música: espectáculo, publicidad, entretenimiento y estilo de vida.

La Era del Jazz también dedica también un espacio especial al mundo del espectáculo. Broadway, el cine, los teatros y los clubes nocturnos ofrecieron a los ilustradores una cantera inagotable de rostros, cuerpos y movimientos para reinventar. Sus diseños adornaron carteles, programas, revistas y anuncios, elevando a actores y músicos a la categoría de íconos nacionales.
En ese contexto, las portadas de revistas se convirtieron en un territorio de prestigio donde artistas como J.C. Leyendecker, Neysa McMein y Norman Rockwell competían por captar la atención de millones de lectores desde los puestos de periódicos, y que hoy día siguen compitiendo por captar la atención de los visitantes, pero ahora en los marcos del museo.
Pero no todo es pinturas e ilustraciones en los pasillos del Norman Rockwell, ya que también hay objetos curiosos como vasos, bandejas, menús de coctelería y libros que retratan los cambios del amor moderno, las nuevas relaciones, la inquietud ante la libertad prematrimonial y la redefinición del rol femenino trazan un relato visual que atraviesa las salas.

En la era del Jazz la ropa se convirtió en un manifiesto de libertad, una declaración visual de que las reglas sociales estaban cambiando. Por eso vemos, entre los cuadros de la exposición a mujeres golfistas, tenistas, mujeres jóvenes reclamando espacios tradicionalmente masculinos. Estas mujeres poblaron portadas de revistas como Vogue, Vanity Fair o la humorística Ballyhoo donde se ve a una cabaretera haciendo un sindicato en plena vía publica, también caricaturas y artículos celebraban a un público cada vez más moderno y audaz. Los ilustradores no se limitaron a observar la escena: la exageraron, la satirizaron y la transformaron en metáfora de un Estados Unidos acelerado.
Las ilustraciones de diferentes colecciones que conforman La Era del Jazz retratan la tensión entre lo tradicional y lo nuevo: la mujer independiente que fuma, conduce, trabaja, sale sola por la noche y se niega a vivir según normas que ya no la representan. Esa figura se cristaliza en el ícono de la época: la flapper, representada magistralmente por artistas como Neysa Moran McMein y Russell Patterson. Esa joven a la moda, decidida a divertirse y a desafiar los estándares convencionales, no fue solo un símbolo; fue una revolución nacional.

Una nación en transformación

Los años veinte marcaron un punto de inflexión: por primera vez, más estadounidenses vivían en ciudades que en zonas rurales. La economía nacional se expandía, las mujeres trabajaban, votaban, conducían automóviles y asistían a las universidades en cifras sin precedentes. Mientras tanto, los hombres discutían la psicología freudiana y el arte moderno. Pero también fue la década en la que los mercados colapsaron y sumieron al país en una crisis financiera devastadora.

Y mientras Estados Unidos se lamía sus heridas, también observaba con inquietud desde el extremo norte del continente el ascenso del fascismo en Europa, como muestra la caricatura de Rollin Kirby. Y en medio de toda esa efervescencia, incertidumbre y contradicción, el jazz se convirtió en la banda sonora dominante de la nación, la música que acompañó tanto el vértigo del progreso como la fragilidad de la época.
Una fuerza cultural en el Norman Rockwell

The Age of Jazz triunfa porque captura un tiempo en el que Estados Unidos vibraba al ritmo del cambio. Una nación joven, veloz, creativa y llena de contradicciones que, entre música, luces, plumas, tintas y rebeldía, forjó gran parte de su identidad moderna. Quien recorra las salas de esta exposición no solo comprenderá el jazz como género musical, sino como una fuerza cultural que encendió al país y lo empujó hacia el porvenir.
Como señala otra frase incluida en una de las fichas de sala: "el jazz no es solo música; es un espíritu capaz de expresarse con casi cualquier cosa. El verdadero espíritu del jazz es una alegría revoltosa que se rebela contra lo convencional, lo establecido, la autoridad, el aburrimiento e incluso contra la tristeza. Contra todo aquello que puede confinar el alma humana y obstaculizar su vuelo libre en el aire.”





