Allstar Cuts: una barbería con estilo latino.

En el número 308 de Tyler Street, en Pittsfield, jóvenes de República Dominicana y Colombia han encontrado mucho más que una manera de ganarse la vida. Entre cortes de cabello, conversaciones y amistades, han construido un espacio donde el oficio de las tijeras también significa escuchar y pertenecer a una comunidad.
"Nosotros somos barberos, pero también mayormente somos como psicólogos. Tenemos que saber cómo entrarle a la conversación, como estuvo el trabajo...", comenta el dominicano Santiago, quien lleva más de ocho años trabajando en el establecimiento.
"Todos somos buenos" agregá Luis desde su silla mientras realiza un corte.

La comparación tiene sentido cuando se considera la naturaleza de su trabajo. Los clientes regresan periódicamente, se sientan frente al mismo espejo y, poco a poco, establecen relaciones que pueden extenderse durante años.
Pero la historia de Allstar Cuts comenzó mucho antes de que sus actuales trabajadores ocuparan estas sillas.
José Ríos, puertorriqueño que ha sido testigo de distintas etapas del establecimiento, recuerda que originalmente la barbería perteneció a un empresario afroamericano. Posteriormente, alrededor de 2007, el negocio pasó a manos de Reymon Delacruz-Batista, asesinado en diciembre de 2021.
"Poquito a poco se fue, tú sabes, transformando el negocio. Todo mundo viene aquí porque ellos tratan bien a los clientes. Esta barbería tiene buena reputación, ellos son muy trabajaradores, ellos nada más vienen aquí a hacer su trabajo", recuerda Ríos sin entrar en más detalles.

Actualmente, explica, Dievy está a cargo del contrato de arrendamiento del local, mientras que los demás barberos pagan una renta individual por sus sillas. Cada trabajador administra sus propios clientes e ingresos.
"Cada cual es individual en su silla. Ellos tienen que pagar una renta por su silla, cada uno".
Y aunque el sistema podría sugerir una dinámica de competencia, ocurre todo lo contrario.
"Si uno necesita la ayuda del otro barbero, el barbero viene y lo ayuda", explica Ríos.
Esa disposición resulta especialmente importante para quienes están perfeccionando sus técnicas o aprendiendo a desenvolverse en inglés, un idioma que no todos dominan.
"Cuando hay dificultades para comprender alguna indicación, mis compañeros intervienen. Siempre hay un compañero que ayuda a uno. Por eso somos como hermanos, ¿me entiendes? Muy unidos en eso", explica el colombiano Yesid con tres años en el local.

Las diferencias de experiencia y nacionalidad se han convertido en parte de la identidad del establecimiento.
Osman, otro de los barberos colombianos, conoce bien el valor de aprender de otras personas. Su historia con las máquinas comenzó a los 14 años, mucho antes de imaginar que terminaría trabajando en Pittsfield.
"Venía de un barrio de Colombia que probablemente no tenía muchos recursos, entonces no tenía cómo mantenerme recortando. Decidí aprender para ganar un poquito y poder recortarme".

Su primer intento fue con su hermano.
"Le di muy duro", recuerda entre risas al hablar de sus primeros cortes. "La gente no cree, pero en YouTube enseñan mucho", asegura.
Posteriormente, asistió a escuelas de barbería, aunque reconoce que la base de sus conocimientos surgió de la práctica.
"Mi base fue empezar así, empíricamente".
Llegó a Estados Unidos hace aproximadamente cuatro años y lleva poco más de tres trabajando en Allstar Cuts. Aunque ya tenía experiencia, considera que compartir el espacio con otros barberos ha ampliado sus conocimientos.
"Yo pienso que uno aprende día a día de todos aquí. Siento que cada uno viene de diferentes lados, somos diferentes culturas. Algunos tienen diferentes estilos".
Santiago, uno de los barberos dominicanos, recuerda que, antes de dedicarse profesionalmente a cortar cabello, el baloncesto ocupaba buena parte de sus intereses en República Dominicana. Aunque siempre había sentido curiosidad por la barbería, fue después de llegar a Estados Unidos cuando decidió tomársela en serio.
"Primero jugaba baloncesto y siempre me gustó eso de barbería, pero no lo tomaba en serio hasta que llegué acá. Ya cuando llegué acá, pues ya lo tomé más en serio. Lo volví mi trabajo".

Su relación con los clientes también ha cambiado la manera en que percibe Pittsfield. Al principio, recuerda, la ciudad le resultaba desconocida. No tenía las relaciones personales ni la familiaridad de quien reconoce rostros en la calle.
"Cuando tú llegas, a lo primero, pues todo es extraño". Pero esa sensación comenzó a desaparecer conforme avanzaba su vida laboral.
"Ya después que tú tienes uno o dos años, ya todo el mundo te conoce. Cada barbero uno sale de aquí, al Walmart, a la fogata, dondequiera que tú vayas, todo el mundo te conoce, te saluda. Eso se siente bien, chévere".
Para José Ríos asegura que algunos clientes desarrollan una lealtad tan marcada hacia determinado trabajador que prefieren esperar, aunque haya otros barberos disponibles.
"Son clientes fieles, como decimos nosotros, clientes fieles, que solamente se quieren cortar con esa persona".

Luis, dominicano y especializado en el degradado, es uno de los integrantes más recientes del establecimiento, llegó a la profesión después de trabajar cuidando a personas mayores. Aunque desde hacía tiempo le interesaba la barbería, no había encontrado la oportunidad de dedicarse a ella.
"En realidad, me gustaba la barbería hace mucho", cuenta.
Finalmente, decidió intentarlo tras contactar con Santiago. Consiguió sus primeras máquinas y, después de completar un curso de barbería, comenzó a practicar.
Esa disposición para aprender también exige reconocer que la experiencia propia tiene límites.
"La barbería es un trabajo donde cada día tú encuentras una forma de volverte mejor. De aprender. Aquí toditos sabemos hacer nuestros trabajo, si no te gusta tu corte simplement no pagas. Nunca ha pasado", remata Luis.
Osman coincide con esa reflexión y destaca la importancia de la humildad para seguir perfeccionando el oficio.

"Uno no sabe todo, entonces la humildad y siempre querer aprender de los demás", reflexiona Osman.
Pero la relación de Allstar Cuts con Pittsfield va mucho más allá del intercambio de dinero por un servicio. Su compromiso con la comunidad también se extiende a quienes no pueden pagar por un corte de cabello.
Ríos recuerda que los barberos han participado en actividades comunitarias ofreciendo servicios gratuitos a estudiantes, particularmente durante las temporadas relacionadas con el calendario escolar.
"A veces ellos hasta prestan su servicio de gratis. Porque ellos van, o si los muchachos vienen aquí, o si no ellos van a la escuela y ellos les sirven de gratis".
En algunas ocasiones han llegado a cortar el cabello a 200 niños en un solo día, una práctica que se ha repetido a lo largo de los años.
"Siempre eso ha sido así aquí. Ellos siempre han bregado" dice Ríos.
Cuando se le pregunta a Ríos qué hace diferente a Allstar Cuts de otras barberías, su respuesta no se concentra en las instalaciones, los precios ni las técnicas. Habla de la atención.

"Aquí no se molesta al cliente. Lo que pasa es que uno viene aquí a pasar un buen tiempo y a tener un buen recorte. Se atiende rápido".
Después resume su idea con una frase que parece contener buena parte de la filosofía del lugar:
"Que el cliente entre happy y se vaya happy. Y siempre vuelven".
En esa sencilla pero poderosa expresión se encuentran las experiencias de trabajadores que han tenido que aprender un oficio, adaptarse a otro país, construir una clientela y ganarse la confianza de personas que inicialmente eran desconocidas.

Osman comenzó cortándole el cabello a su hermano porque no tenía recursos suficientes para pagar sus propios cortes. Santiago cambió el balón de basketball por las tijeras. Yesid encontró una hermandad tras dejar atrás colombias y Luis decidió cambiar de profesión para dedicarse a algo que le gustaba.
Sus historias son diferentes, pero comparten un punto de encuentro: una profesión que les permite ganarse la vida mientras construyen relaciones con quienes los rodean. En sus manos un corte de cabello puede durar apenas unos minutos pero la confianza que lo hace posible, en cambio, permanece tras cada corte.




