The Quilombo Experience: la danza como refugio, memoria y puente cultural
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La historia de Luana Dias y el proyecto comunitario que busca llevar la cultura brasileña al corazón de los Berkshires
En los Berkshires, donde los festivales y la vida cultural se renuevan cada temporada, una propuesta busca abrirse paso desde una ventana poco explorada en la región: The Quilombo Experience, cultura brasileña contada desde adentro, con cuerpo, música, ritmo e historia.
Este proyecto es parte de la iniciativa Berskhire Brazil, en este segundo año busca dejar su huella defintiva en un condado donde la diversidad cultural crece cada día, y muchas identidades siguen siendo poco visibles en los escenarios formales.
Detrás de esta titánica misión está un rostro ya familiar en el condado de Berkshire: Luana Dias.

Si has asistido a los desfiles del 4 de julio, seguramente la has visto sonreír, vestida con un vibrante atuendo de carnaval brasileño, avanzando con pasos firmes por North Street. O quizá la recuerdes en escenarios como el Wandering Dance Festival o Jacob’s Pillow, o realizando eventos sociales en Dotties café; porque si algo define a Luana es su constante búsqueda del siguiente escenario, del próximo proyecto, del nuevo encuentro cultural.
Ella misma define The Quilombo Experience como “el más importante de mi trayectoria” ya que busca cerrar esa brecha que existe en nuestra comunidad desde el arte y la educación comunitaria al ritmo de la samba, el capoeira, la poesía y otros ritmos y expresiones artísticas que solo la riqueza brasileña nos puede ofrecer.
Pero para entender el alcance de esta iniciativa, es necesario contar primero la historia de Luana. Porque su camino no comienza con grandes escenarios ni luces, reflectores ni esa típica sonrisa a la que tiene acostumbrados a los Berkshires, sino con una infancia marcada por la timidez y un destino en la danza que según ella nunca fue una elección consciente.
Luana creció en São Paulo, Brasil, una metrópoli que en la década de los noventa intentaba reconstruirse, al igual que todo el país, tras los años de la dictadura militar. En ese contexto, Brasil ha encontrado históricamente en la danza y el fútbol formas de escape colectivo frente a las crisis económicas, las tensiones sociales y los desafíos estructurales.
En su vida personal, ese “escape” se transformó también en una herramienta de supervivencia emocional. “La danza es terapia; baila, porque bailando se van las penas”, repite Luana como un mantra. No es una frase motivacional, sino una verdad forjada a lo largo de los años.

Aunque hoy se la vea segura y sonriente mientras se mueve sobre el escenario, no siempre fue así, antes ese cuerpo era habitado por una niña tímida, llena de miedo que hablaba poco, incluso dentro de su propia familia. Aun así su madre la llevaba a los ensayos de samba en el poblado de São Jose Do Rio Petro, donde su madre había abierto su propia escuela de samba: ahí, con cierta resistencia al principio, encontró su vocación, o mejor dicho la vocación la encontró a ella porque la relación con la danza no siempre fue dulce.
“Cuando tenía seis años mi madre también me llevó a prácticas ballet clásico y me acuerdo que nos sentaron en un círculo y nunca nos pusieron a bailar, era aburrido, nada divertido y recuerdo que le dije a mi madre que nunca más volvería a bailar”.
Pero fue allí, en ese espacio comunal, donde a los 14 años Luana conoció a una figura clave en su vida: Celso Caran, director artístico de una importante compañía de danza en Italia y en Brasil. Al verla en los ensayos a los que asistía junto a su madre, le dijo que tenía exactamente el perfil que estaba buscando. Sin saberlo, ese momento cambiaría su vida para siempre. Fue su entrada formal al entrenamiento profesional, al escenario y a una transformación personal que ella resume con una frase contundente:
“Yo no escogí la danza; la danza me escogió a mí.”
Tras dejar Brasil llegaron los contratos profesionales a muy temprana edad y, con ellos, el choque familiar típico de muchas trayectorias artísticas. A los 17 años, Luana recibió su primer contrato pagado en euros para viajar a Italia. Su madre defendió la decisión como si fuera propia. Fue ella quien insistió en que esa oportunidad podía definirlo todo, Luana recuerda ese apoyo con una imagen precisa: “el brillo en los ojos de mi madre al verme cumplir un sueño que también era el de ella”.
“Recuerdo que la primera vez me pidieron ponerme un bikini para bailar; me sentí muy avergonzada y tenía miedo de subir así vestida al escenario. Celso me llevó a una esquina porque notó que estaba muy nerviosa y me dijo: ‘¿Por qué estás nerviosa? Luana, cuando estás en el escenario, esa no eres tú; es un personaje’”.
Aquellas palabras no solo la ayudaron a superar el nerviosismo y la timidez de ese instante, sino que sembraron en ella una transformación profunda y duradera. A través del baile, Luana descubrió una versión renovada de sí misma: más segura, más fuerte y dueña de su propia voz; estaba empoderada.

Tras los tres meses de contrato su cuerpo regresó a la universidad, pero su mente estaba bailando en los escenarios de Il bel paese (el belllo país). Luana era otra, había encontrado su pasión. Dejó los estudios y en São Paulo aprendió lo que significa vivir del arte: pasión, sí, pero también incertidumbre, sacrificios y altibajos constantes. Viajo por Korea, donde la competencia y fricciones con las otras bailarinas afrodescendientes, era el pan de cada día al ser la única mujer de color que participaba con las otras mujeres blancas en el ballet clásico: “¿te sientes mucho por estar bailando con ellas?” le reprochaban. En Rusia acarició las estrellas: tuvo eventos en televisión nacional, películas, incluso presentaciones presidenciales, y por supuesto, teatros repletos con la compañía de baile.
Esa tensión entre lo creativo y lo realista abrió una nueva etapa en su vida: la enseñanza. En 2012 comenzó a enseñar Zumba en Italia que se convertiría en su hogar durante varios años, y con el tiempo se convirtió en Zumba Jammer, un rol de liderazgo y formación dentro de esa comunidad internacional al punto de dejar las presentaciones de danza durante varios años. Para Luana, no fue un desvío, sino una continuidad: la conexión entre arte, cuerpo, salud y bienestar siempre ha sido central en su mirada.

Con la pandemia, sin embargo, ese ciclo se cerró. En 2020 dejó su rol formal con Zumba Jammer en Europa y aterrizó con toda la pasión por la danza guardada en una maleta esperando el momento indicado para abrirla. Al llegar a los Berkshires, se enfrentó a una pregunta que marcaría el rumbo de los años siguientes: ¿había realmente espacio para la cultura brasileña en la región, o su proyecto estaba destinado a quedarse en pausa?

Por primera vez en su vida Luana comenzó a trabajar en empleos no artísticos. Su primer trabajo fue en Guido’s, en la puerta, revisando que la gente estuviera usando su cubrebocas controlando el acceso de clientes, mientras buscaba la manera de reactivar su vocación tras una exitosa trayectoria en Europa.
Esa oportunidad llegó desde un lugar inesperado aunque de cierto modo familiar: Trattoria Rustica, el restaurante italiano donde su madre trabajaba y que antes se ubicaba en McKay St en Pittsfield, ahí nuevamente la cultura italiana le abrió las puertas para presentarse en vivo por primera vez en los Berkshires.

Luana recuerda esa primera samba como un impacto total: su vestuario brillante, engalanada de coloridas plumas, el espíritu de carnaval brasileño tomó por sorpresa a un público que, con la mandíbula en el suelo y los tenedores llenos de pasta, intentaban procesar la maravilla que acababan de presenciar. Al final, todos se pusieron de pie a aplaudir. Para ella, ese momento fue una confirmación: había público; lo que faltaba era el espacio del encuentro. Ella lo resume mejor “no sabían que les gustaba porque no lo conocían”
De igual modo The Quilombo Experience es una invitación al descubrimiento: presentará música en vivo, talleres, experiencias culturales, charlas y formación artística para diez selectos artistas que recibirán un estipendio de $600.00 dolares que hayan sido seleccionados para ser parte del proyecto. La convocatoria está abierta hasta marzo, puedes aplicar aquí.
Este proyecto, que tendrá una presentación abierta al público para cerrar el programa de la residencia, nace del respaldo colectivo de Blackshires, Berkshire Taconic Community Foundation y Jacob’s Pillow, así como de alianzas creativas clave, entre ellas su colaboración con el músico brasileño Taz Ramos y su Quarteto de Samba, que aportan una dimensión sonora auténtica y vibrante a la propuesta artística.

The quilombo Experience es el testimonio de que su propuesta va más allá del espectáculo. No se trata solo de presentarse y seguir adelante, sino de crear procesos de aprendizaje, formación y comunidad que permanezcan en el tiempo y fortalezcan la escena cultural local. “Quilombo” no es decoración: es historia. En Brasil, los quilombos fueron comunidades fundadas por africanos esclavizados que escaparon del sistema colonial en busca de un refugio que les permitiera ser ellos mismos, muchas veces en convivencia e intercambio con pueblos indígenas.
En Brasil, explica Luana, "las escuelas de samba no son solo carnaval: son espacios comunitarios que forman, crean empleo, sostienen cultura y preparan a la comunidad para una gran muestra colectiva". Ese espíritu es el que hoy busca traducir al contexto de los Berkshires con esta experiencia.
Al final Luana Dias busca crear un espacio seguro y sagrado, un símbolo de resistencia, raíz y supervivencia cultural que nos ayude a entender nuestro pasado para intervenir el presente y forjar nuestro futuro: quiénes somos cuando migramos, qué tradiciones cargamos y cómo se crean refugios colectivos cuando el mundo se vuelve hostil.

En el fondo, el recorrido de Luana es una sola línea continua: una niña tímida que encontró una “personaje” en el escenario para poder hablarle al mundo; una joven que viajó lejos con el sueño de su madre brillándole en los ojos; una artista que entendió que el arte no siempre garantiza estabilidad, pero sí sentido; y una educadora cultural que hoy intenta construir lo que una vez le faltó al llegar.
Con The Quilombo Experience, la invitación no es solo a mirar, sino a participar, aprender y formar parte de una historia que se construye colectivamente en los Berkshires.





