AMÉRICA LOPEZ: PERDERSE PARA ABRIR UN NUEVO CAMINO

La primera vez que América López caminó sola por Olivia’s Overlook, se perdió.
Volvió sobre sus pasos una y otra vez. Desde algún punto del bosque, entre las ramas, alcanzaba a distinguir el mirador desde el que había iniciado la caminata; la tarde iba cayendo y ella no encontraba el sendero que la llevara de regreso. Después de más de tres intentos por encontrar el camino, la frustración terminó por empujarla cuesta arriba, por una zona llena de ramas, maleza y troncos que ni siquiera formaba parte de la ruta, hasta alcanzar finalmente el estacionamiento.
La experiencia pudo haber sido suficiente para no regresar. Para América, sin embargo, se convirtió en una lección: tenía que observar mejor las señales, aprender a leer los mapas y, sobre todo, perder el miedo a preguntar.

Regresó una segunda vez, luego una tercera y muchas más. Hoy conoce de memoria buena parte de la red de senderos de Olivia’s Overlook, en la reserva Yokun Ridge South, que suele recorrer con sus perros. Aquel lugar donde alguna vez no encontró la salida se convirtió en uno de sus espacios favoritos y en una metáfora de su propia historia: a veces, para saber hacia dónde ir, primero hay que aceptar que una está perdida.
“Ahora, si me pierdo, ya no me da miedo. Siempre he encontrado la salida”, dice.
América nació en Nezahualcóyotl, Estado de México, y pasó buena parte de su infancia en Naucalpan, cerca del Toreo de Cuatro Caminos. Creció entre las funciones de lucha libre a las que la llevaba su padre (por lo que el Perro Aguayo estaba entre sus favoritos) y las visitas familiares a Nochixtlán, Oaxaca, de donde eran originarios sus padres, quienes habían emigrado a la capital en busca de nuevas oportunidades.
En ese pueblo permanecen algunas de sus memorias más vivas: los animales y las salidas con una de sus tías para llevar a pastar a los borregos. La muerte inesperada de su padre en un accidente, cuando ella tenía alrededor de 12 años, cambió la vida familiar y la alejó de Nochixtlán durante años. Su madre, hasta entonces dedicada al hogar, tuvo que comenzar a trabajar; América, con el tiempo, haría lo mismo. La libertad que le daba el dinero la alejó de los estudios: pasó por una cocina económica, fábricas, una lavandería, una joyería y empleos como niñera.
Un día, a los 21 años, su novio le dijo:
“Me voy a probar suerte a Estados Unidos, ¿te vienes conmigo?”
En mayo de 2004 llegó a los Berkshires. Su novio regresó, pues no le gustó lo que encontró. Ella, por el contrario, recuerda:

“Cuando vi todo ese verde y la neblina levantándose después de la lluvia, pensé: ‘Qué cosa tan hermosa. Yo soy de aquí’”.
Su primera caminata fue en Monument Mountain, en Great Barrington. Para ella, la naturaleza es una forma de sanación:
“No necesitas saber absolutamente nada ni ser alguien en particular. En la naturaleza te desprendes de todo y te conectas con un todo. Una caminata ayuda a soltar, aclarar y conectar”.
Para Amérioca cada paso en los senderos es también por lo tanto, hasta cierto punto, un paso dentro de uno mismo.
El primer paso que dio ella en Estados Unidos fue obtener el equivalente al diploma de bachillerato. Luego, años después, vendría el más importante: hacia 2016 o 2017 ingresó a Berkshire Community College para estudiar Trabajo Social, una experiencia que le cambiaría la vida, no solo por lo aprendido, sino por las amistades que encontró en sus aulas y que cimentaron lo que hoy conocemos como Latinas413.
La organización nació durante la pandemia, primero como un espacio virtual en el que mujeres latinas podían conversar, compartir experiencias y romper el aislamiento. El grupo creció de manera orgánica hasta transformarse en una organización comunitaria.
Ella recuerda sus orígenes así:
“Antes de hacer Latinas413, nosotras estábamos organizándonos para formar un grupo que se llamaba Amor a Nuestras Raíces. Hacíamos open mics, noches de lectura de poesía y tocábamos música en casas de personas. Luego, algunos restaurantes nos permitieron hacer las actividades allí. Era gente de distintos lugares de Latinoamérica”.
Cuando llegó el momento de proponer actividades en Latinas413, América se preguntó qué podía aportar. La respuesta estaba frente a ella, o mejor dicho, bajo sus pies: los senderos.

Las caminatas permitían reunirse al aire libre y mantener distancia durante la emergencia sanitaria del COVID-19. Pero, para América, también ofrecían algo más profundo: la posibilidad de acercar a otras mujeres a lugares que quizá observaban con la misma mezcla de curiosidad y temor que ella había sentido durante sus primeros años en la región.
“Pensé: esto es lo que puedo traer a la mesa. Puedo llevar a caminar a las mujeres que quieran venir. En momentos de gran depresión y soledad en este país, encontré mucha paz en un sendero. Encontré una oportunidad para reflexionar y para escaparme por un momento de todo lo que puede llevar consigo ser inmigrante”, cuenta.
La iniciativa se convirtió con el tiempo en Raíces Verdes, un programa de Latinas413 enfocado en ampliar el acceso de la comunidad a actividades como senderismo, campismo y kayak, además de promover el cuidado del medioambiente. América desarrolló la propuesta inicial y ha dirigido caminatas y otras experiencias al aire libre con familias, estudiantes y organizaciones locales.
Pero no se limitó a eso: también fue parte activa del equipo responsable de que hoy esos mapas estén en español, a través del Grupo Asesor de Idioma Español del Berkshire Natural Resources Council (BNRC):
“Formaba parte del comité asesor que analizaba qué cosas podíamos hacer para mejorar el acceso de las personas latinas a los senderos. Una de esas barreras, obviamente, era el idioma”.
No se trata solo de traducir palabras. Se trata de traducir un espacio: explicar sus códigos, retirar parte del miedo y hacer visible que esos bosques también pertenecen a quienes durante mucho tiempo no se han sentido representados en ellos.
Por eso, antes de cada caminata, América habla con lois participantes sobre la dificultad del terreno, la duración aproximada, la ropa adecuada, los mosquitos y las garrapatas. Muestra cómo identificar las señales, qué hacer si se encuentra con un oso (como le sucedió a ella en una ocasión cuando iba con su perro), cómo tomar una fotografía del mapa y qué aplicaciones pueden ayudar a seguir la ruta e incluso registrar el tiempo del recorrido si uno se detiene a tomar fotografías.
Su idea de pertenencia no termina en disfrutar el paisaje: incluye aprender a conservarlo y asegurar que las voces inmigrantes formen parte de las decisiones sobre su futuro.
El de ella, por ahora, está entrelazado con el de dos amigos: Edwin Riaño y Molly Lovejoy. Como dice el dicho: “Si quieres llegar rápido, ve solo; pero, si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Juntos imaginan un modelo que reúna tres elementos: bienestar físico y emocional, educación ambiental y diversión.
El proyecto también busca ofrecer nuevas posibilidades a jóvenes que podrían necesitar otros espacios de acompañamiento y aprendizaje.
“Lo veo como una alternativa a las soluciones que se dan en la escuela para chicos o chicas que están en riesgo. Tal vez necesitan desarrollar una habilidad de liderazgo o de trabajo en equipo y descubrir: ‘Soy una persona que puede ser buena para estas otras cosas y simplemente no lo sabía’”, explica.

Si todo marcha bien, esperan poner en marcha el programa el próximo verano . Su interés por la ecoterapia nace de su propia experiencia, pero también de los límites que reconoce en esta práctica.
“Una caminata no es una cura para todo ni es tampoco un sustituto automático de la terapia profesional. Es una herramienta complementaria: una oportunidad para salir por un momento de la rutina, respirar, ordenar las ideas y mirar la propia vida desde otra perspectiva”.
El proyecto futuro es menos un cambio de rumbo que la consecuencia de todos lo anteriores recorridos. En Olivia’s Overlook, América aprendió a reconocer las marcas. Después, aprendió a mostrárselas a otros. Su historia no es la de alguien que siempre supo hacia dónde iba, sino la de alguien que convirtió cada duda en una pregunta y cada pregunta en un nuevo camino por recorrer.
“He hecho miles de preguntas que tal vez parecían tontas y no ha pasado absolutamente nada. Al contrario si las cosas no salen como las imaginamos, lo peor que puede pasar es que salgan mejor” .



