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Clara Elena García: la poeta que descubre a Paraguay a través de su poesía

  • hace 3 días
  • 6 min de lectura

Cuando Clara Elena García tenía 13 años y el avión comenzó a descender sobre Paraguay, lo primero que vio fue una mancha roja con distintas tonalidades: primero fueron los techos rojos. Después, la tierra color salmón, colorada, como si estuviera encendida.


“Siempre pienso en esa primera vista”, recuerda. “Bajando del avión, viendo la tierra roja y los techos rojos, me sentí en casa”. Habían pasado casi 12 años desde su adopción.


Clara en la feria latina de Springfield Massachusetts
Clara en la feria latina de Springfield Massachusetts

Sus padres adoptivos nunca ocultaron su historia. Al contrario: desde pequeña le hablaron de Paraguay, de su adopción en Asunción y del viaje que hicieron para traerla a Estados Unidos en 1989, justo cuando caía la dictadura de Alfredo Stroessner.


En la casa de Albany donde creció había una caja que su madre guardaba en el armario y la conectaba con sus orígenes la llamaban “la caja de memorias”. Allí estaban las fotos, los papeles de adopción, recuerdos del viaje, artesanías paraguayas, piezas de cuero, filigranas de plata y ñandutí, el encaje típico de Paraguay.


“Me parecía muy importante y muy significativo lo que me trajeron”, dice. “Me sentía muy orgullosa de mis raíces y tenía mucha curiosidad por el idioma, por la cultura paraguaya, por las cosas chiquitas que tenía en la mano”.



Atraída por ese magnetismo cultural Clara empezó a estudiar español en la escuela, y si en cada lengua reposa un mundo entero: dentro de ella el castellano y el inglés crearon uno nuevo.


Ahí apareció la poesía por primera vez, cuando se sentía sola y encontró en los libros una forma de refugio. “Yo escapé muchas veces entre las páginas de un libro”, dice. “Cuando no podía enfrentar mi propia realidad, leía”.


Clara en Paraguay vistiendo pollera amarilla
Clara en Paraguay vistiendo pollera amarilla

Primero escribió solo para ella y un día, Clara decidió convertir a sus propios profesores en personajes reinterpretandoThe Canterbury Tales. El texto resultó tan ingenioso que su maestra la animó a enviarlo a una competencia de jóvenes escritores en Middlebury College, Vermont.


Fue aceptada.


“Eso fue como la chispa”, dice. “Yo siempre apunto a ese momento como el descubrimiento de mi escritura”. Después vendría el guaraní.


La poeta necesitaba visitar Paraguay y lo hizo con el programa Ties para personas adoptadas. Al año siguiente volvió otra vez, esta vez para quedarse más tiempo, perfeccionó el español y absorbió el guaraní con una familia paraguaya donde se quedaba.


Por la tarde, la familia la ponía a contestar el teléfono en el hotel que administraban, para practicar el idioma.


“Fue difícil”, recuerda entre risas. “Hablar por teléfono es otra cosa cuando no puedes ver la cara de la otra persona. Y especialmente en Paraguay, porque el acento paraguayo es muy difícil de entender. Además se mezcla con guaraní”.


Clara como maestra en el interior de Paraguay
Clara como maestra en el interior de Paraguay

Esa mezcla se llama jopara: español y guaraní entrelazados en la vida diaria. Al principio la asustaba. Contestaba el teléfono, escuchaba unas frases y entraba en pánico. “Un momento”, decía, antes de pasar la llamada a otra persona.


Pero más que el idioma, la abrazó la gente.


“Los paraguayos son muy amorosos, muy cálidos”, dice. “En el momento en que conoces a alguien, te ofrecen tereré, te adoptan como parte de su familia, te dicen prima o hermana”.


Esa calidez tuvo un peso profundo


“La gente adoptada que vive en otros países tiene una vida liminal”, explica. “Uno vive un poco separado de los dos países: el país donde creciste y el país donde naciste”.


En esa búsqueda también intentó buscar a su madre biológica. Pero, como ocurrió con muchas adopciones internacionales en América Latina durante los años ochenta y noventa en Paraguay, los documentos estaban falsificados.


“Nunca encontramos a mi mamá biológica”, dice. “En ese momento yo solo sabía que no podía encontrarla. Ahora, como adulta, reconozco que había cosas mucho peores detrás que enmarcan mi adopción : tráfico de personas, bebés vendidos, una industria de adopción muy corrupta”. Paraguay cerró las adopciones internacionales en 1995.


A los 13 años le dijo a su madre adoptiva que algún día volvería a Paraguay para enseñar y ayudar, y la promesa quedó como un sueño del que se despierta y al que se desea volver; aplicó para Peace Corps. Sabía que podía ser enviada a varios países de América Latina, eran más de 10. Perú, Ecuador, Colombia y un largo etcétera que se alargaba en su mente como el cono sur del continente.


Clara en su participación en el festival de poesía de Berlín
Clara en su participación en el festival de poesía de Berlín

Por eso cuando recibió la carta, no lo podía creer, decía: Paraguay. “Empecé a llorar”, recuerda. “Era como el destino llamándome”. Además la fecha en que aterrizaría sería el 2 de febrero de 2010, exactamente 22 años después del día en que sus padres adoptivos habían viajado para buscarla.


En esos años, dice, no pensaba en publicar. Escribía, sí, pero como una forma de exploración personal, no carrera.


Eso cambió después de volver a Estados Unidos para hacer una maestría en educación internacional, con enfoque en asuntos migratorios. Mientras escribía ensayos académicos extensos, la poesía volvió a aparecer nuevamente como un escape.


Así apareció su abecedario poético, una especie de diccionario personal construido letra por letra. Ese manuscrito se convirtió en su primer poemario Juego de palabras, publicado en 2023 por Valparaíso Ediciones.


“Yo no pensé que iba a pasar”, dice. “Cuando me dijeron que querían publicar mi libro, me dio el coraje para seguir escribiendo”.


Después vino Seven Legendary Monsters, un libro en inglés sobre los siete monstruos legendarios de la mitología paraguaya.


Clara con su pollera amarilla en 2003
Clara con su pollera amarilla en 2003

“Yo quería mostrar al mundo la cultura, la historia y la mitología paraguaya”, dice. “Quería poner algo para tener la representación paraguaya que merecía”.


Pero Clara no quiso contar esas historias de manera tradicional. Al investigar, se dio cuenta de que las mujeres aparecían casi siempre como víctimas, sacrificios o figuras secundarias.


El libro empieza con Keraná, la madre de los monstruos, y termina con Porãsy, la joven que los enfrenta. En ese recorrido, Clara encontró un giro feminista dentro de la mitología.


Entre todas las leyendas que ha investigado, Clara siente una especial fascinación por Iara, una sirena de la mitología guaraní que, según la leyenda, atrae a los hombres hacia las profundidades del agua. “Me gusta todo lo de fantasía”, explica. También menciona a Yasy, la diosa de la luna, quien según la tradición descendió a la Tierra y, como muestra de gratitud hacia un joven que la ayudó, regaló a los guaraníes la planta de la yerba mate. Para Clara, ambas historias representan la riqueza de una mitología poco conocida fuera de Paraguay y reflejan el tipo de relatos que hoy busca compartir con nuevos lectores a través de su literatura.



Aunque el libro está escrito principalmente en inglés, Clara dejó palabras en español y guaraní. No las tradujo, y eso también es una forma de rebeldía.


“Quiero que la gente sienta las palabras en guaraní y en español como parte del lenguaje”, explica. “Para la gente que habla más de un idioma es normal mezclar. Entonces para la gente que escribe en más de un idioma es también normal”.


Ese tejido trilingüe para Clara es el jopara: una mezcla viva, como el caldo paraguayo del que toma su nombre: ella piensa, habla y sueña en jopara.


“Yo soy una mezcla de dos culturas también”, luego corrige y dice. “Tres, si cuentas la cultura indígena del país”.


Su próximo libro, La canción de Irasema, saldrá en marzo del próximo año y continuará explorando leyendas paraguayas, esta vez centradas en mujeres.


Al hablar de su obra, Clara parece estar escribiendo también los libros que le hubiera gustado encontrar de niña: libros en inglés, atravesados por Paraguay; libros donde el español y el guaraní no aparecen como traducciones al margen, sino como parte del corazón mismo del relato.


Durante años buscó a Paraguay en una caja de memorias guardada en un armario. Al final terminó encontrándolo en la escritura.Por eso, cuando Clara escribe, no está intentando regresar al lugar donde nació. Está construyendo un puente entre todos los lugares que la hicieron posible.


Hace 23 años vio desde un avión los techos rojos y la tierra colorada de Paraguay y creyó que estaba llegando a casa. Hoy, Clara sigue mirando ese mismo paisaje; la diferencia es que ahora lo lleva consigo, convertido en poesía que permiten a otros encontrar también el camino de regreso.




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